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Falacia de la ventana rota.

Publicado: 9 mayo, 2014 en Sin categoría
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Este vídeo me ha gustado bastante. Explica por qué no hay que gastar dinero en cosas inútiles, y por qué eso no es bueno para la economía. Lo explica de manera fácil y, sobretodo, rápida.


Asumámoslo: No hay trabajo para todos. La situación económica es mala, no podemos aspirar, hoy por hoy, a que trabaje todo el mundo. ¿Quienes tienen que trabajar entonces? Los que más lo merezcan. ¿Quiénes están trabajando? Los que ya llevaban trabajando algún tiempo, no los que más lo merecen. Noticias como ésta me dan la razón: http://www.elmundo.es/elmundo/2013/05/14/ciencia/1368531982.html?a=e04f24794b5a018ef954fd9699c27d06&t=1368559305&numero=

Este tío es el mejor en lo suyo. No hay nadie que merezca ahora mismo más que él ese puesto de trabajo. Premio al mejor físico de Europa y le deniegan la beca en España. ¿Por qué no lo consigue? No me creo que no haya nadie trabajando en lo que él pide hacer. La causa es que se está haciendo competencia desleal. Hay una casta de trabajadores que está sobreprotegida y otros pobres desgraciados que estamos condenados a la precariedad hasta que las ranas vuelen. Da igual lo que te digan: que te formes, que aprendas cosas, idiomas… bueno, eso es útil, pero para emigrar, no para trabajar aquí. No estarás nunca en igualdad de condiciones hasta que no te admitan en la casta. Os lo dice un ingeniero industrial superior con 3 idiomas.

La alta tasa de paro juvenil es otro claro indicador de lo que digo. Se protege a los que están, no se deja entrar a los que vienen o se les deja entrar malamente. Los funcionarios y los políticos (o sus amigos) son el paradigma de esta casta sobreprotegida. Gente que no tiene por qué demostrar su eficiencia, no tiene por qué ser eficiente en nada, y que tiene un puesto de trabajo nieve, llueva o granice. Aunque cobren menos que antes; menos cobra el que no trabaja.

Asumamos otra cosa: a los sindicatos les da igual esta situación. Ellos siguen a lo suyo, protegiendo a los suyos, a su casta, que es incluso más casta que la otra (pero mucho más parasitaria), y ambas dos castas forman una especie de simbiosis en muchas ocasiones.

Por eso, si queremos defendernos, no tenemos que confiar en los políticos, no tenemos que confiar en los sindicatos, ni en los que ya están trabajando… TENEMOS QUE CONFIAR EN NOSOTROS. Hay que emprender, asociarnos, montar empresas, empezar a hacer cosas con GENTE COMO NOSOTROS. Con un montón de formación, cualificación de sobra, valía casi asegurada y con ganas de adquirir experiencia. No hace falta que nos den la sopa boba, que nos subsidien y que nos protejan, lo único que hace falta es darnos cuenta de que PODEMOS HACERNOS VALER POR NOSOTROS MISMOS, y que nos dejen hacerlo.

¿Qué es economía?

Publicado: 11 octubre, 2012 en Economía, Reflexiones
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Cuando hablamos de economía a la gran mayoría de la gente le viene una palabra a la cabeza: DINERO.

Pero, aunque tenga algo que ver, la economía no trata sobre el estudio del dinero. Si se mira en wikipedia, se observa que hasta la tercera acepción no se menciona ninguna palabra que tenga que ver con dinero (la palabra concreta es ingresos).

La economía, más que sobre dinero, trata sobre recursos. Sobre esfuerzos. El dinero sólo es una forma de valorar esos recursos o esfuerzo en un momento concreto en el tiempo (como ya expliqué en este artículo). Todo ser humano tiene unas necesidades, que suple de la mejor manera posible. Hay necesidades básicas, sin las cuales no podríamos vivir, como son respirar, comer, beber, dormir, mantener la temperatura corporal (ya sea con ropa, energía o con vivienda)… También hay otras necesidades no básicas pero igualmente importantes, como la afectividad, el divertimento, la socialización… Algunos de los recursos que se necesitan para cubrirlas son tan abundantes que quedan incluso fuera del estudio de la economía (de momento), como por ejemplo respirar. Es gratis y eso no va a cambiar en el corto plazo. Otros recursos, sin embargo, aun siendo igual de imprescindibles (la comida) requieren un esfuerzo suficiente por parte de los hombres para poder conseguirlos que entran directamente en el estudio de la economía. Así a unas cosas se les asigna un determinado valor y a otras cosas otro muy distinto.

El valor de las cosas tiene que ver con dos factores. La disponibilidad de de los recursos necesarios para satisfacer las necesidades y la importancia que dan los individuos a esas mismas necesidades. Ambas cosas se pueden valorar en términos de esfuerzo y ambas cosas es lo que al final determinan la oferta, por un lado, y la demanda por otro. Por estas causas se llega a situaciones aparentemente tan paradójicas para un extraño a nuestra civilización como que un kilo de esmeraldas (una piedrecita que a priori no vale para cubrir ninguna necesidad, pero que requiere mucho esfuerzo obtenerla) sea mucho más caro que un kilo de grano o de algodón (cuya utilidad es en principio más obvia pero cuya obtención requiere menos esfuerzo). También hay otro factor clave, y es el que hace que unas cosas no valgan directamente para cubrir una necesidad pero indirectamente hace que sea más fácil cubrirla (como por ejemplo las herramientas nos sirven para hacer más efectivos los procesos). El valor de esas últimas cosas se estima en función del esfuerzo que son capaces de ahorrar a los hombres para cubrir otras necesidades más directas.

Y todo esto que estoy explicando aplicado a las cosas materiales, es perfectamente aplicable también para valorar servicios, que son directamente esfuerzos concretos que alguien hace con el objetivo de cubrir una necesidad sin que tenga que haber consumo de bienes materiales por el camino.

Por lo tanto, y para ir concluyendo, la economía no trata sobre el dinero, trata sobre las necesidades y los esfuerzos. El objetivo final de las personas que se dedican a estudiar la economía no es hacer que todos seamos más ricos, sino que  todas nuestras necesidades estén cubiertas con el menor esfuerzo posible por nuestra parte; y de una manera justa, consiguiendo que los que más esfuerzo realizan o ahorran a los demás obtengan más satisfacción.

España intervenida

Publicado: 11 julio, 2012 en Economía, Política
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Acabo de leer esto en el periódico, lo que viene a confirmar que estamos intervenidos.

Hace unos años intentaron hacer lo mismo, concretamente en mayo de 2010. No fue tan drástico y los recortes que aprobaron por aquel entonces le parecieron disparatados al electorado del PSOE, hicieron que el gobierno de ZP perdiera el apoyo que le quedaba y fuese derrotado las elecciones de forma estrepitosa.

Los recortes aprobados ahora son más drásticos y además recortan sobre terreno recortado. Y ahora no nos parece tan mal. No nos parece tan mal porque mucha gente ha comprendido que si no se hacen nos vamos al garete, que si no pagamos no nos pagan. Pero aún así, ¿qué gobierno estaría dispuesto a adoptar unas medidas que sabe que hicieron perder las elecciones al anterior y lo llevaron a una derrota vergonzosa? Ninguno. Por eso le han obligado. La otra alternativa era dejar quebrar a todos los bancos españoles de golpe, así que el gobierno ha tragado. Como no podía ser de otra manera.

¿El recorte está bien, mal o regular? prefiero no entrar a valorarlo en esos términos. Digamos que si  las uñas de tu mano miden metro y medio de largo y además tienes un dedo gangrenado, lo mejor es amputar el dedo y cortar las uñas. Si amputas la mano entera consigues sobrevivir de momento y arreglas los problemas que tenías, pero luego tienes que sobrevivir a las infecciones que te pueden entrar y además tienes que vivir sin una mano el resto de tu vida. Dejémoslo en triste. Triste por no haber sabido evitarlo con todo el tiempo que hemos tenido.


Hoy he visto en los medios que el Eurogrupo presta 100.000 millones al FROB (Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria, dependiente del gobierno), para que éste pueda recapitalizar las entidades que están, digámoslo claramente, quebradas o a punto.

En este artículo de Juan Ramón Rallo se analiza, rápidamente pero con seriedad, lo que eso significa, pero a mí me ha dado por pensar ¿cómo hemos llegado a esta situación?

Me inclino a pensar que en un 90% se puede atribuir la responsabilidad de este DESASTRE a las cajas de ahorros. El artículo está en pasado porque voy a escribir la situación de las cajas antes de la debacle, ahora puede ser algo diferente.

Las cajas de ahorro eran unas entidades que se caracterizaban por ser entidades de carácter fundacional que no tenían dueño. Se decía que los dueños eran los depositantes de dinero en las mismas, lo cual es una bobada, pues el dueño de una cosa suele tener derecho a decidir qué quiere hacer con ella; y en las cajas de ahorro, en la práctica, los que decidían lo que se hacía con ellas eran los partidos políticos, corporaciones locales y regionales (gobiernos) y sindicatos.

Las cajas de ahorro eran entidades sin ánimo de lucro, osea que no podían repartir dividendos, porque no tenían accionistas. En vez de eso los beneficios se tenían que repartir en “obras de acción social”. En la práctica, eso significaba que los consejos de administración (anteriormente referidos como partidos políticos, gobiernos y sindicatos) se esforzaban al máximo para reducir los beneficios contables (inflando los sueldos de todo el mundo, trabajadores de a pie incluidos por cuenta de los sindicatos, inflando los gastos siempre gastados en otras entidades amigas e inflando las pensiones y planes de pre-jubilación de todo el personal, siempre los del consejo de administración a la cabeza), eso suele pasar en todas las entidades que tienen un consejo de administración, lo que pasa es que en las entidades con ánimo de lucro los dueños pueden controlar al consejo de administración, en las cajas no.

Además, los beneficios que sí que se declaraban se repartían en “obras de acción social”, que solían ser asignadas a fundaciones de los amigos de los gestores, ya fueran de políticos para actos de campaña, de amigos para financiar empresas, de sindicatos para dar cursillos, o de ayuntamientos para arreglar tal cosa o tal otra -que generalmente también se le adjudicaba la obra a otro amigo de alguien de por allí-. Siempre se hacía de tal manera que, por más que se barriera el dinero de acá para allá, quedaba todo dentro de casa. Eso sí, llenaban las calles de carteles cada vez que arreglaban la fachada de una iglesia, o que ponían un banco (de los de sentarse) en la plaza de un pueblo, o que financiaban unas jornadas sobre la cultura andina con carpas absolutamente inútiles en la plaza mayor de alguna cuidad (siempre, como digo, adjudicando estas tareas a gente amiga que al final se quedaba el dinero). Esto conseguía que la gente estuviera contenta, porque, según su perspectiva, las cajas hacían cosas buenas por los pueblos o las ciudades, y lo hacían gratis. Así que la gente confiaba en ellas y dejaba allí su dinero depositado y con una sonrisa.

Todo esto derivó, como no podía ser de otra forma, en una gran cantidad de pajarillos picoteando del lomo de las cajas de ahorro. Todos metidos en los consejos de administración enchufados por éste o por aquél. Todos querían seguir comiendo de gratis, de una cosa “tan buena” y todos querían seguir barriendo para su lado de la casa. Antes del estallido de la crisis, con la burbuja en plena hinchazón, todos los integrantes de esos consejos vieron con buenísimos ojos que se pudiera aprovechar la coyuntura para que las cajas hicieran aún más caja, y así hubiera más que repartir. Además algunas empresas relacionadas con el ladrillo, y propiedad de amiguetes de los integrantes de esos consejos o de quien los había puesto allí, tenían necesidades de financiación cada vez más acuciantes. Las cajas, cargadas de gestores que no tenían ni idea de otra cosa que no fuera picotear, se metieron en camisas de once varas. Su gestión se reveló igual de eficiente que un molinillo de la feria para dar aire. No quedó prácticamente ni una en pie. Y  arrastraron con ellas a otras entidades que no tenían mucha fortaleza y cuya gestión tampoco es que fuera brillante. Y además, en los consejos de administración, todos esos pájaros que por allí andaban, en vez de volar se convirtieron en aves de rapiña. Tan acostumbrados como estaban a vivir de picotear siguieron desgarrando el cadáver putrefacto de sus respectivas cajas, asignándose pensiones y sueldos escandalosos, con la diferencia de que la situación ya no era la misma de antes, y la gente común ahora ya no ve los carteles de la “obra social” en las plazas de su pueblo y además allí donde huele a dinero aparecen 250 periodistas a preguntar de dónde ha salido, porque no abunda.

La solución adoptada por los políticos (no olvidemos que eran la parte más representada en los consejos de administración, pues los gobiernos también los controlan ellos) hasta ahora ha sido meter la mierda debajo de la alfombra, fusionar unas cajas con otras, jugar al despiste, espantar a algún que otro buitre y hacer como que no pasaba nada. Pero ya no se ha podido hacer durante más tiempo. Hay que sacar la basura. Ahora parece que se tapa el agujero con un dinero que nos prestan a todos (al gobierno) desde Europa y que todos nos vemos obligados a prestar a las cajas. 100.000 millones ni más ni menos. Lo de meter a los responsables de esto en la cárcel es tan inverosímil que a nadie se le pasa ni por la cabeza. No habría cárceles suficientes en España. Esperemos al menos que el modelo de las cajas de ahorros, cargado de tan buenas intenciones, pero con tanta ingenuidad y tanta estupidez, no se repita en el futuro para no tener que  lamentar otra catástrofe como la actual.


El banquero se ha tragado

el dinero del cliente

que, pecando de inocente,

en sus manos ha dejado;

y pide ser rescatado

con dinero ciudadano,

al que pueden meter mano

políticos sin recato

su partido y sindicato

y hasta su primo lejano.

Pero a ti no te consultan

si quieres pagar impuestos,

eso se da por supuesto;

a ver si no como juntan

el dinero que te ocultan.

En vez de robar la pasta

que en servicios no se gasta

apuntando con pistolas

prefieren decirte trolas,

invertir un duro y basta.

Hoy, con todo su descaro,

ha llegado tu cuñado,

ayer muy adinerado

y hoy en la cola del paro,

que compró un coche muy caro

y ahora no puede pagar.

Y lo tienes que ayudar.

La familia es lo primero.

Resulta que tu dinero

es ahorro familiar.

El abuelo, jubilado,

y tras tanto cotizar,

ve su pensión peligrar.

Tal vez lo más adecuado

para nombrar al sistema

de Seguridad social

sea estafa piramidal.

Y a la gente le da igual.

Resultaría gracioso

si no fuera tan real.

  


Bueno, por petición de InYourFace, escribo esta entrada como anexo a las Lecciones de Economía para Víctimas de la LOGSE. Lo inserto en el apartado de Los mercados: Oferta y demanda, pero si no se tienen unas nociones previas es recomendable leer el artículo de Balances: Activo y pasivo antes que éste.

Cuando la gente habla de “los mercados”, como entes malignos y perniciosos para la economía en general y para la suya, la de su bolsillo en particular, se suelen referir no a todos los mercados, sino a los financieros. Esto se produce por puro desconocimiento, pues los mercados financieros son tan buenos o malos como cualquier otro, pero la mayoría de la gente ni siquiera sabe qué es lo que allí se compra o se vende. Lo que allí se compra o se vende es deuda, financiación; mientras que en los otros mercados, en los que la gente sí entiende lo que pasa, lo que se compra o vende son bienes o servicios.

Punto de vista del emisor de deuda

El deudor ve la deuda como un pasivo. Centrándonos en el pasivo, lo que interesa saber de los mercados financieros es que hay varios tipos de pasivo, que se negocian (compran y venden) de forma distinta.

Cómo ya expliqué, el pasivo es, de manera resumida, lo que una entidad debe a otra (para la entidad deudora, para la acreedora esa misma cantidad es activo). Por tener esa deuda contraída con alguien la deudora tiene que pagar una renta o interés. Eso hace que haya gente interesada en comprar deudas (o pasivo), si las rentas que se ofrecen son suficientemente altas.

Las empresas emiten deuda cuando necesitan financiación (ya sea para hacer frente a pagos, para realizar inversiones o para refinanciar la deuda contraída previamente que vence en ese momento). Para financiarse pueden dejar que la entidad que pone el dinero se convierta en parte de la empresa (ampliando el capital social o los fondos propios) o bien contrayendo compromisos de pago a futuro e intereses (capital ajeno, que más tarde saldrá de la empresa para devolver lo prestado a partir del beneficio obtenido con ese dinero).

Punto de vista del inversor o comprador de deuda

El inversor ve la deuda como un activo. Lo que tiene es dinero y lo que quiere es obtener el máximo beneficio de él. Renuncia a su riqueza presente para tener más en el futuro. Además, si no se invierte el dinero va perdiendo valor poco a poco por el efecto de la inflación, con lo que guardando el dinero no solo no eres más rico, sino que te vuelves más pobre.

Eso hace que el inversor esté dispuesto a asumir un riesgo a cambio de una rentabilidad. El riesgo se presupone que es de que no te paguen, o de que te paguen menos de lo que esperabas (por depreciaciones de las inversiones o por imposibilidad de hacer frente a pagos la entidad deudora). Normalmente, a mayor riesgo de la inversión más rentabilidad se puede obtener (porque al haber menos gente dispuesta a prestar el dinero [oferta] los que lo necesitan tienen que ofrecer más [demanda] para obtenerlo).

Las opciones que tiene el inversor son, básicamente, dos. Renta fija o renta variable.

En la renta fija el activo que compra (él compra activo, aunque para el emisor sea pasivo) tiene una rentabilidad prefijada, un tipo de interés  y unos plazos conocidos de antemano.

En la renta variable el activo no lleva aparejado un compromiso de remuneración, puede dar rentabilidad o no, dependiendo de como se comporte la entidad que soporta esa deuda.

Ambos tipos activos se pueden comprar y vender en cualquier momento, con lo que la rentabilidad final que se extraiga dependerá del precio de compra y del precio de venta, además de los pagos que el inversor haya recibido mientras era poseedor de ese título.

A los productos que se negocian (compran o venden) en un mercado financiero se les da el nombre genérico de títulos. A continuación pasaré a explicar los tipos de títulos más comunes y las diferencias más reseñables entre unos y otros.

Títulos financieros

Antes de nada habría que definir las dos propiedades principales de todos los títulos:

– Valor de un título es la tasación del mismo, el valor ideal por el que se debería comprar o vender. Se puede saber el valor al que se están negociando (comprando y vendiendo) en un momento dado, a ese precio se le llama “precio de mercado”.

– La liquidez de un título es la posibilidad de venderlo/comprarlo en un espacio de tiempo pequeño y por un precio muy similar al valor de mercado. Cuanto más se negocia un título (más volumen de negociación tiene) más líquido es.

Acciones

Las acciones son pasivo de una empresa del tipo “capital propio”, es decir,  el poseedor de una acción pasa a formar parte de los socios de la empresa, le pertenece una parte de la misma. La rentabilidad de las acciones es variable. Mientras el inversor es poseedor de ellas tiene derecho a una parte del beneficio de la empresa, que se reparte entre todos los accionistas, llamada dividendo. Las acciones cotizan en el mercado de valores y son uno de los títulos más populares y negociados.  Su valor, en teoría, depende de la valoración de la empresa que soporta el título. Hay gente que prefiere invertir en acciones para percibir el dividendo, a largo plazo (años), y otros que prefieren comprar barato y vender más alto en intervalos de tiempo más pequeños.

Bonos

Los bonos, de manera muy genérica, son compromisos de pago estipulados en el momento de la emisión y venta por parte de la entidad emisora. Como un crédito que el inversor concede a la entidad que emite el bono. Son, por lo tanto, renta fija. Generalmente se paga un precio por ellos, se reciben unos cupones (pequeños pagos en comparación con el precio del bono, como un interés) y el último pago es por un importe similar al precio de compra. Una vez que se es poseedor de un bono, también de forma general, se puede vender el mismo en mercados secundarios, por un importe a negociar que puede ser diferente del precio de adquisición, en función de los pagos que falten por cobrar y de la rentabilidad de otros productos competidores.

Futuros

Los futuros son un derivado financiero (cuyo valor depende del valor de otra cosa, el subyacente), el más antiguo de todos, que tiene varias finalidades. Consiste en comprometer un pago a cambio de una mercancía en un futuro fijado y a un precio fijado en el momento de compra del futuro. Al emisor del futuro le asegura un pago, con lo que puede quitarse la incertidumbre de saber a cuánto le comprarán la mercancía cuando esté producida y si le saldrá rentable o no producirlo, sirve como seguro frente a pérdidas. Los contratos de futuros tienen dos partes, el vendedor y el comprador de la mercancía. Al comprador le sirve para ganar dinero si el bien que se ha comprometido a comprar aumenta su valor, ya que él pagará menos por él. Al vendedor, por el contrario, le hace ganar dinero si el precio de la mercancía baja, ya que a él le van a pagar por esa mercancía más de lo que vale. También están cotizando y se pueden negociar en cualquier momento después de emitidos, con lo cual no hace falta esperar a que llegue el plazo estipulado para ganar dinero con ellos (o perderlo).

Tienen la particularidad de que son un producto apalancado, ya que para comprar un futuro no hace falta tener todo el dinero que se va a pagar cuando llegue el vencimiento, basta con depositar un porcentaje del mismo para cubrir las eventuales pérdidas. Con esto se consigue que si, por ejemplo, se ha de poseer un 10% del valor actual del producto (lo llamaremos X) para hacerse con el futuro, y el valor del producto se incrementa un 10% antes de que llegue el vencimiento del futuro, el inversor puede venderlo con una ganancia de 0,1*X a otra persona, mientras que él solo se gastó 0,1*X para conseguir el futuro, por lo que su ganancia no ha sido del 10%, sino del 100%, se ha apalancado 10 veces. Las pérdidas se apalancan de igual manera, pero si no puedes hacer frente a las mismas con la cantidad que has depositado, la entidad que custodia tu futuro (un banco) lo vende automáticamente a otra persona (con lo que el primero inversor pierde toda la inversión). Cuando hablamos del vendedor en un futuro sucede lo mismo pero a la inversa, apalancando ganancias cuando el precio del bien baja y apalancando pérdidas si el precio del bien sube.

Otros derivados.

Existen otros tipos de derivados: opciones, warrats, contratos por diferencias… las opciones son tal vez el único que merece la pena explicar. La diferencia conceptual con los futuros es que da a una de las dos partes la posibilidad de obligar a la otra a efectuar la transacción, pero no tiene por qué llegar a realizarse ( por ello esa parte paga una prima). Aquí: http://es.wikipedia.org/wiki/Opci%C3%B3n_financiera lo explican muy bien, así que no me voy a extender mucho más viendo lo que me ha ocupado la explicación de los futuros y lo confuso que empezaba a ser.

Los conceptos claves son apalancamiento (producido como hemos explicado, por causa de tener un producto que está referenciado a otro de valor superior, ya sea mediante posibilidad de adquirirlo o mediante crédito) y las posiciones en corto (para ganar cuando el precio baja), vender al descubierto, que básicamente consiste en  vender una cosa que no se posee para estar obligado a comprarla luego (imaginemos que no tienes una acción, pero te prestan una que no es tuya, tú la vendes, la acción baja, la vuelves a comprar y se la devuelves al que te la prestó, como la vendiste por más de lo que la compraste ganas dinero). La mayoría de los derivados se venden como seguro, aunque se utilicen para especular.