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Crisis de deuda soberana?

Publicado: 11 febrero, 2016 en Economía
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Desde hace algunas semanas las bolsas no paran de bajar. Los grandes medios lo achacan a la bajada del precio del petróleo y a la ralentización de la economía China. Algunos se preguntan si el hecho de que el petróleo baje no es bueno para la economía de EEUU y de la UE, ya que hace más competitivo a sus empresas; si el hecho de que la economía China se ralentice tiene realmente tanta influencia.

En mi opinión, lo que más preocupa a los mercados no es ni una cosa ni la otra, aunque ambas tienen incidencia sobre la causa real del miedo: la deuda soberana.

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Los niveles de endeudamiento de los países desarrollados han alcanzado un nivel poco menos que insostenible (conviene mirarlo en % de deuda con respecto a PIB). En anteriores situaciones similares, lo que hacían los gobiernos para corregir este desequilibrio era provocar inflación mediante la bajada de tipos de interés por parte de los bancos centrales. El tirón de la demanda post-crisis hacía su propio trabajo y al subir el IPC la deuda quedaba disimulada entre los nuevos datos de PIB, que crecía en términos absolutos porque se evalúa en su propia divisa, que queda “devaluada” por el efecto inflacionista.

El problema actual es que no hay suficiente demanda (en parte por el envejecimiento de la población) y, por más que han probado a bajar los tipos de interés, la inflación no llega. La situación ha llegado a un punto en el que los tipos de interés regulados por los bancos centrales están tan bajos (para forzar inflación) que hacen que el interés de los bonos emitidos de deuda soberana entren en terreno negativo. Esta situación es ilógica desde cualquier punto de vista, y peligrosa a largo plazo, ya que significa que los inversores pagan a aquellos a los que les dejan el dinero.

El hecho de que se estén manteniendo intereses negativos sólo se explica por tres motivos, a cada cual más peligroso:

-Los tipos de interés tan bajos regulados por el BCE que hacen que los bancos dispongan de créditos prácticamente gratis.

-La tasa del 0.3% que impone el BCE a los bancos por el dinero depositado hace que rentabilidades negativas, pero menores a ese porcentaje, sean más convenientes que la propia divisa depositada. Esto es forzar a los bancos a comprar deuda soberana con los créditos previamente concedidos. Además, los propios bancos centrales están comprando deuda por su cuenta con los planes QE para dar más sensación de que hay demanda.

-La especulación que se está generando en el corto plazo, ya que hay inversores que esperan que bajen aún más los tipos, aún más el interés de los bonos, y esperan sacar dinero vendiendo la renta fija que están adquiriendo ahora a precios más altos en el futuro. Esto último está generando situación típica de burbuja.

La bajada del precio del petróleo ha llegado sólo para dar la puntilla al sistema, ya que hará que bajen los precios de los demás productos y servicios que dependen del petróleo para su elaboración; por lo que generar inflación resulta imposible. El nivel de deuda no bajará por el efecto de la inflación, y los programas de austeridad no son, ni de lejos, suficientes para frenar el aumento de la deuda, ya que ningún país ha soñado siquiera con entrar en superávit (la única forma conocida de reducir deuda sin bajar el precio de la moneda que la soporta). La salida de esta historia no está nada clara, y seguramente será dramática con efectos hiperinflacionistas cuando realmente se produzca la subida de inflación que tanto buscan los gobiernos y que no es probable que consigan en el corto-medio plazo. Este escenario es lo que realmente asusta a los mercados porque no se sabe cómo se volverán a reajustar los parámetros económicos ni lo que se llevarán por delante.

 

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Después de mis prolongadas vacaciones vuelvo con el octavo capítulo de las Lecciones de Economía para Víctimas de la LOGSE.

Este capítulo va a ser muy diferente de los otros. Tal vez debería haber sido el úlitmo capítulo de todos, pues en él no voy a explicar el funcionamiento de nada, sino que voy a exponer algunas apreciaciones que creo que es bueno hacer antes de analizar los datos de nuestra economía. Antes de empezar quiero  dejar claro que casi todo serán opiniones personales, y algunos de los datos que voy a dar para sostener algunas de mis opiniones son aproximados, pues, como ya he dicho, esto no es un análisis, sino una serie de apreciaciones.

¿Qué cosas hacen que nuestra economía sea diferente de las demás economías desarrolladas?

La respuesta no es sencilla, podrían enumerarse un montón de cosas, pasando por el peso del sector turístico, la destrucción del inmobiliario, el endeudamiento excesivo, la cultura de los subsidios, la inutilidad de los políticos (inutilidad para la sociedad, aunque para algunos particulares sean muy útiles), los nacionalismos, la calidad de la educación, el paro exagerado… pero en vez de fijarme en cualquiera de estos aspectos voy a intentar ser un poco más original, voy a hablar de las dos cosas que creo que nos hacen más diferentes y que menos gente ha tratado.

En primer lugar la falta de fiabilidad de nuestros datos macroeconómicos. Los números que muestran nuestros políticos y las instituciones no son de fiar. ¿Por qué? Por dos motivos: primero, porque la gran cantidad de economía sumergida que hay en nuestro país hace que los datos obtenidos en encuestas o datos fiscales sean un espejo borroso de la realidad. Para justificar esto daré dos datos. La parte del PIB en España que está controlada por instituciones públicas ya es superior al 50%. Según estimaciones tanto de instituciones nacionales como internacionales, en España el PIB sumergido está en torno al 25%. Si asumimos que la parte pública del PIB no puede estar sumergida (no es del todo cierto, pero el porcentaje podríamos decir que es cercano a cero), lo que nos queda es que alrededor de un tercio del PIB privado está sumergido. La tercera parte de la economía española que no es pública es ilegal, escapa a los controles fiscales y no aparece en las estadísticas, ni en las de empleo ni en ninguna otra.

El segundo motivo es porque, aún sabiendo que los datos son erróneos, los políticos los utilizan como ciertos cuando les interesa y, además, los que no son erróneos no son publicados de manera transparente para que todo el mundo pueda acceder a ellos, sino que los ministros tratan esa información como si en vez de ser información pública fuera su información privada, seleccionan lo que quieren mostrar y guardan el resto. Ellos seguramente tengan proyecciones de la realidad corrigiendo los datos de la economía legal para extrapolarla a la economía real (legal más sumergida), pero no los hacen públicos.

Como consecuencia de la primera observación, podemos decir que nuestra extremadamente preocupante tasa de desempleo no es tan preocupante, ya que la parte de economía que está sumergida es más intensiva en mano de obra (pequeños comercios, o empresas, con poca mecanización), con lo que ese 25% de paro y 40% de paro juvenil son mentira. Eso sí, para el estado sí que es una preocupación, pues aunque esa gente no esté en paro tampoco cotiza a la seguridad social ni paga casi ningún impuesto.

Cualquiera que se haya enterado de lo que acabo de escribir arriba pensará que la solución a todos nuestros males sería hacer aflorar toda la economía sumergida a base de inspecciones y sanciones para que apareciera en las estadísticas, tributara, contribuyera a la seguridad social, etc.  Bajo mi punto de vista, no hay nada más lejos de la realidad que eso. Lo que habría que hacer es preguntarse por qué hay tanta economía sumergida en vez de intentar que aflore sin más, ya que si se hiciera con medidas represivas lo que se conseguiría sería destruir esa economía en vez de conseguir que aflorase, y es mejor la economía sumergida que la falta de economía.

Creo que la economía sumergida está relacionadísima en España con la elevada presión fiscal y con las contribuciones sociales excesivas, motivadas a su vez por un peso excesivo del sector público en nuestra economía, lo que hace que haya un montón de gente que no contribuye en nada al bienestar de los demás y que vive de lo que el estado recauda del resto, consiguiendo que más gente deje de pagar al estado (pase a ser economía sumergida) para poder competir con los que ya no están pagando y además presionando aún más a los que sí que contribuyen. Si realmente el 50% de nuestro PIB fuese público haría ya tiempo que habríamos quebrado.

Estas dos características no son exclusivas de España, pasan en más sitios, pero no suelen ser países desarrollados ni con una economía tan grande como la nuestra. Tal vez en estas cosas nos parezcamos bastante a Grecia, Portugal e Italia, cada uno con sus diferencias, pero con bastantes cosas en común. Esperemos no correr la misma suerte que ya han corrido algunos de ellos y ser capaces de hacer frente a nuestros problemas antes de que sea demasiado tarde para que no tengan que venir otros, a quienes importamos bien poco, a resolvérnoslos.