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Crisis de deuda soberana?

Publicado: 11 febrero, 2016 en Economía
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Desde hace algunas semanas las bolsas no paran de bajar. Los grandes medios lo achacan a la bajada del precio del petróleo y a la ralentización de la economía China. Algunos se preguntan si el hecho de que el petróleo baje no es bueno para la economía de EEUU y de la UE, ya que hace más competitivo a sus empresas; si el hecho de que la economía China se ralentice tiene realmente tanta influencia.

En mi opinión, lo que más preocupa a los mercados no es ni una cosa ni la otra, aunque ambas tienen incidencia sobre la causa real del miedo: la deuda soberana.

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Los niveles de endeudamiento de los países desarrollados han alcanzado un nivel poco menos que insostenible (conviene mirarlo en % de deuda con respecto a PIB). En anteriores situaciones similares, lo que hacían los gobiernos para corregir este desequilibrio era provocar inflación mediante la bajada de tipos de interés por parte de los bancos centrales. El tirón de la demanda post-crisis hacía su propio trabajo y al subir el IPC la deuda quedaba disimulada entre los nuevos datos de PIB, que crecía en términos absolutos porque se evalúa en su propia divisa, que queda “devaluada” por el efecto inflacionista.

El problema actual es que no hay suficiente demanda (en parte por el envejecimiento de la población) y, por más que han probado a bajar los tipos de interés, la inflación no llega. La situación ha llegado a un punto en el que los tipos de interés regulados por los bancos centrales están tan bajos (para forzar inflación) que hacen que el interés de los bonos emitidos de deuda soberana entren en terreno negativo. Esta situación es ilógica desde cualquier punto de vista, y peligrosa a largo plazo, ya que significa que los inversores pagan a aquellos a los que les dejan el dinero.

El hecho de que se estén manteniendo intereses negativos sólo se explica por tres motivos, a cada cual más peligroso:

-Los tipos de interés tan bajos regulados por el BCE que hacen que los bancos dispongan de créditos prácticamente gratis.

-La tasa del 0.3% que impone el BCE a los bancos por el dinero depositado hace que rentabilidades negativas, pero menores a ese porcentaje, sean más convenientes que la propia divisa depositada. Esto es forzar a los bancos a comprar deuda soberana con los créditos previamente concedidos. Además, los propios bancos centrales están comprando deuda por su cuenta con los planes QE para dar más sensación de que hay demanda.

-La especulación que se está generando en el corto plazo, ya que hay inversores que esperan que bajen aún más los tipos, aún más el interés de los bonos, y esperan sacar dinero vendiendo la renta fija que están adquiriendo ahora a precios más altos en el futuro. Esto último está generando situación típica de burbuja.

La bajada del precio del petróleo ha llegado sólo para dar la puntilla al sistema, ya que hará que bajen los precios de los demás productos y servicios que dependen del petróleo para su elaboración; por lo que generar inflación resulta imposible. El nivel de deuda no bajará por el efecto de la inflación, y los programas de austeridad no son, ni de lejos, suficientes para frenar el aumento de la deuda, ya que ningún país ha soñado siquiera con entrar en superávit (la única forma conocida de reducir deuda sin bajar el precio de la moneda que la soporta). La salida de esta historia no está nada clara, y seguramente será dramática con efectos hiperinflacionistas cuando realmente se produzca la subida de inflación que tanto buscan los gobiernos y que no es probable que consigan en el corto-medio plazo. Este escenario es lo que realmente asusta a los mercados porque no se sabe cómo se volverán a reajustar los parámetros económicos ni lo que se llevarán por delante.

 

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Hoy he visto en los medios que el Eurogrupo presta 100.000 millones al FROB (Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria, dependiente del gobierno), para que éste pueda recapitalizar las entidades que están, digámoslo claramente, quebradas o a punto.

En este artículo de Juan Ramón Rallo se analiza, rápidamente pero con seriedad, lo que eso significa, pero a mí me ha dado por pensar ¿cómo hemos llegado a esta situación?

Me inclino a pensar que en un 90% se puede atribuir la responsabilidad de este DESASTRE a las cajas de ahorros. El artículo está en pasado porque voy a escribir la situación de las cajas antes de la debacle, ahora puede ser algo diferente.

Las cajas de ahorro eran unas entidades que se caracterizaban por ser entidades de carácter fundacional que no tenían dueño. Se decía que los dueños eran los depositantes de dinero en las mismas, lo cual es una bobada, pues el dueño de una cosa suele tener derecho a decidir qué quiere hacer con ella; y en las cajas de ahorro, en la práctica, los que decidían lo que se hacía con ellas eran los partidos políticos, corporaciones locales y regionales (gobiernos) y sindicatos.

Las cajas de ahorro eran entidades sin ánimo de lucro, osea que no podían repartir dividendos, porque no tenían accionistas. En vez de eso los beneficios se tenían que repartir en “obras de acción social”. En la práctica, eso significaba que los consejos de administración (anteriormente referidos como partidos políticos, gobiernos y sindicatos) se esforzaban al máximo para reducir los beneficios contables (inflando los sueldos de todo el mundo, trabajadores de a pie incluidos por cuenta de los sindicatos, inflando los gastos siempre gastados en otras entidades amigas e inflando las pensiones y planes de pre-jubilación de todo el personal, siempre los del consejo de administración a la cabeza), eso suele pasar en todas las entidades que tienen un consejo de administración, lo que pasa es que en las entidades con ánimo de lucro los dueños pueden controlar al consejo de administración, en las cajas no.

Además, los beneficios que sí que se declaraban se repartían en “obras de acción social”, que solían ser asignadas a fundaciones de los amigos de los gestores, ya fueran de políticos para actos de campaña, de amigos para financiar empresas, de sindicatos para dar cursillos, o de ayuntamientos para arreglar tal cosa o tal otra -que generalmente también se le adjudicaba la obra a otro amigo de alguien de por allí-. Siempre se hacía de tal manera que, por más que se barriera el dinero de acá para allá, quedaba todo dentro de casa. Eso sí, llenaban las calles de carteles cada vez que arreglaban la fachada de una iglesia, o que ponían un banco (de los de sentarse) en la plaza de un pueblo, o que financiaban unas jornadas sobre la cultura andina con carpas absolutamente inútiles en la plaza mayor de alguna cuidad (siempre, como digo, adjudicando estas tareas a gente amiga que al final se quedaba el dinero). Esto conseguía que la gente estuviera contenta, porque, según su perspectiva, las cajas hacían cosas buenas por los pueblos o las ciudades, y lo hacían gratis. Así que la gente confiaba en ellas y dejaba allí su dinero depositado y con una sonrisa.

Todo esto derivó, como no podía ser de otra forma, en una gran cantidad de pajarillos picoteando del lomo de las cajas de ahorro. Todos metidos en los consejos de administración enchufados por éste o por aquél. Todos querían seguir comiendo de gratis, de una cosa “tan buena” y todos querían seguir barriendo para su lado de la casa. Antes del estallido de la crisis, con la burbuja en plena hinchazón, todos los integrantes de esos consejos vieron con buenísimos ojos que se pudiera aprovechar la coyuntura para que las cajas hicieran aún más caja, y así hubiera más que repartir. Además algunas empresas relacionadas con el ladrillo, y propiedad de amiguetes de los integrantes de esos consejos o de quien los había puesto allí, tenían necesidades de financiación cada vez más acuciantes. Las cajas, cargadas de gestores que no tenían ni idea de otra cosa que no fuera picotear, se metieron en camisas de once varas. Su gestión se reveló igual de eficiente que un molinillo de la feria para dar aire. No quedó prácticamente ni una en pie. Y  arrastraron con ellas a otras entidades que no tenían mucha fortaleza y cuya gestión tampoco es que fuera brillante. Y además, en los consejos de administración, todos esos pájaros que por allí andaban, en vez de volar se convirtieron en aves de rapiña. Tan acostumbrados como estaban a vivir de picotear siguieron desgarrando el cadáver putrefacto de sus respectivas cajas, asignándose pensiones y sueldos escandalosos, con la diferencia de que la situación ya no era la misma de antes, y la gente común ahora ya no ve los carteles de la “obra social” en las plazas de su pueblo y además allí donde huele a dinero aparecen 250 periodistas a preguntar de dónde ha salido, porque no abunda.

La solución adoptada por los políticos (no olvidemos que eran la parte más representada en los consejos de administración, pues los gobiernos también los controlan ellos) hasta ahora ha sido meter la mierda debajo de la alfombra, fusionar unas cajas con otras, jugar al despiste, espantar a algún que otro buitre y hacer como que no pasaba nada. Pero ya no se ha podido hacer durante más tiempo. Hay que sacar la basura. Ahora parece que se tapa el agujero con un dinero que nos prestan a todos (al gobierno) desde Europa y que todos nos vemos obligados a prestar a las cajas. 100.000 millones ni más ni menos. Lo de meter a los responsables de esto en la cárcel es tan inverosímil que a nadie se le pasa ni por la cabeza. No habría cárceles suficientes en España. Esperemos al menos que el modelo de las cajas de ahorros, cargado de tan buenas intenciones, pero con tanta ingenuidad y tanta estupidez, no se repita en el futuro para no tener que  lamentar otra catástrofe como la actual.


Bueno, por petición de InYourFace, escribo esta entrada como anexo a las Lecciones de Economía para Víctimas de la LOGSE. Lo inserto en el apartado de Los mercados: Oferta y demanda, pero si no se tienen unas nociones previas es recomendable leer el artículo de Balances: Activo y pasivo antes que éste.

Cuando la gente habla de “los mercados”, como entes malignos y perniciosos para la economía en general y para la suya, la de su bolsillo en particular, se suelen referir no a todos los mercados, sino a los financieros. Esto se produce por puro desconocimiento, pues los mercados financieros son tan buenos o malos como cualquier otro, pero la mayoría de la gente ni siquiera sabe qué es lo que allí se compra o se vende. Lo que allí se compra o se vende es deuda, financiación; mientras que en los otros mercados, en los que la gente sí entiende lo que pasa, lo que se compra o vende son bienes o servicios.

Punto de vista del emisor de deuda

El deudor ve la deuda como un pasivo. Centrándonos en el pasivo, lo que interesa saber de los mercados financieros es que hay varios tipos de pasivo, que se negocian (compran y venden) de forma distinta.

Cómo ya expliqué, el pasivo es, de manera resumida, lo que una entidad debe a otra (para la entidad deudora, para la acreedora esa misma cantidad es activo). Por tener esa deuda contraída con alguien la deudora tiene que pagar una renta o interés. Eso hace que haya gente interesada en comprar deudas (o pasivo), si las rentas que se ofrecen son suficientemente altas.

Las empresas emiten deuda cuando necesitan financiación (ya sea para hacer frente a pagos, para realizar inversiones o para refinanciar la deuda contraída previamente que vence en ese momento). Para financiarse pueden dejar que la entidad que pone el dinero se convierta en parte de la empresa (ampliando el capital social o los fondos propios) o bien contrayendo compromisos de pago a futuro e intereses (capital ajeno, que más tarde saldrá de la empresa para devolver lo prestado a partir del beneficio obtenido con ese dinero).

Punto de vista del inversor o comprador de deuda

El inversor ve la deuda como un activo. Lo que tiene es dinero y lo que quiere es obtener el máximo beneficio de él. Renuncia a su riqueza presente para tener más en el futuro. Además, si no se invierte el dinero va perdiendo valor poco a poco por el efecto de la inflación, con lo que guardando el dinero no solo no eres más rico, sino que te vuelves más pobre.

Eso hace que el inversor esté dispuesto a asumir un riesgo a cambio de una rentabilidad. El riesgo se presupone que es de que no te paguen, o de que te paguen menos de lo que esperabas (por depreciaciones de las inversiones o por imposibilidad de hacer frente a pagos la entidad deudora). Normalmente, a mayor riesgo de la inversión más rentabilidad se puede obtener (porque al haber menos gente dispuesta a prestar el dinero [oferta] los que lo necesitan tienen que ofrecer más [demanda] para obtenerlo).

Las opciones que tiene el inversor son, básicamente, dos. Renta fija o renta variable.

En la renta fija el activo que compra (él compra activo, aunque para el emisor sea pasivo) tiene una rentabilidad prefijada, un tipo de interés  y unos plazos conocidos de antemano.

En la renta variable el activo no lleva aparejado un compromiso de remuneración, puede dar rentabilidad o no, dependiendo de como se comporte la entidad que soporta esa deuda.

Ambos tipos activos se pueden comprar y vender en cualquier momento, con lo que la rentabilidad final que se extraiga dependerá del precio de compra y del precio de venta, además de los pagos que el inversor haya recibido mientras era poseedor de ese título.

A los productos que se negocian (compran o venden) en un mercado financiero se les da el nombre genérico de títulos. A continuación pasaré a explicar los tipos de títulos más comunes y las diferencias más reseñables entre unos y otros.

Títulos financieros

Antes de nada habría que definir las dos propiedades principales de todos los títulos:

– Valor de un título es la tasación del mismo, el valor ideal por el que se debería comprar o vender. Se puede saber el valor al que se están negociando (comprando y vendiendo) en un momento dado, a ese precio se le llama “precio de mercado”.

– La liquidez de un título es la posibilidad de venderlo/comprarlo en un espacio de tiempo pequeño y por un precio muy similar al valor de mercado. Cuanto más se negocia un título (más volumen de negociación tiene) más líquido es.

Acciones

Las acciones son pasivo de una empresa del tipo “capital propio”, es decir,  el poseedor de una acción pasa a formar parte de los socios de la empresa, le pertenece una parte de la misma. La rentabilidad de las acciones es variable. Mientras el inversor es poseedor de ellas tiene derecho a una parte del beneficio de la empresa, que se reparte entre todos los accionistas, llamada dividendo. Las acciones cotizan en el mercado de valores y son uno de los títulos más populares y negociados.  Su valor, en teoría, depende de la valoración de la empresa que soporta el título. Hay gente que prefiere invertir en acciones para percibir el dividendo, a largo plazo (años), y otros que prefieren comprar barato y vender más alto en intervalos de tiempo más pequeños.

Bonos

Los bonos, de manera muy genérica, son compromisos de pago estipulados en el momento de la emisión y venta por parte de la entidad emisora. Como un crédito que el inversor concede a la entidad que emite el bono. Son, por lo tanto, renta fija. Generalmente se paga un precio por ellos, se reciben unos cupones (pequeños pagos en comparación con el precio del bono, como un interés) y el último pago es por un importe similar al precio de compra. Una vez que se es poseedor de un bono, también de forma general, se puede vender el mismo en mercados secundarios, por un importe a negociar que puede ser diferente del precio de adquisición, en función de los pagos que falten por cobrar y de la rentabilidad de otros productos competidores.

Futuros

Los futuros son un derivado financiero (cuyo valor depende del valor de otra cosa, el subyacente), el más antiguo de todos, que tiene varias finalidades. Consiste en comprometer un pago a cambio de una mercancía en un futuro fijado y a un precio fijado en el momento de compra del futuro. Al emisor del futuro le asegura un pago, con lo que puede quitarse la incertidumbre de saber a cuánto le comprarán la mercancía cuando esté producida y si le saldrá rentable o no producirlo, sirve como seguro frente a pérdidas. Los contratos de futuros tienen dos partes, el vendedor y el comprador de la mercancía. Al comprador le sirve para ganar dinero si el bien que se ha comprometido a comprar aumenta su valor, ya que él pagará menos por él. Al vendedor, por el contrario, le hace ganar dinero si el precio de la mercancía baja, ya que a él le van a pagar por esa mercancía más de lo que vale. También están cotizando y se pueden negociar en cualquier momento después de emitidos, con lo cual no hace falta esperar a que llegue el plazo estipulado para ganar dinero con ellos (o perderlo).

Tienen la particularidad de que son un producto apalancado, ya que para comprar un futuro no hace falta tener todo el dinero que se va a pagar cuando llegue el vencimiento, basta con depositar un porcentaje del mismo para cubrir las eventuales pérdidas. Con esto se consigue que si, por ejemplo, se ha de poseer un 10% del valor actual del producto (lo llamaremos X) para hacerse con el futuro, y el valor del producto se incrementa un 10% antes de que llegue el vencimiento del futuro, el inversor puede venderlo con una ganancia de 0,1*X a otra persona, mientras que él solo se gastó 0,1*X para conseguir el futuro, por lo que su ganancia no ha sido del 10%, sino del 100%, se ha apalancado 10 veces. Las pérdidas se apalancan de igual manera, pero si no puedes hacer frente a las mismas con la cantidad que has depositado, la entidad que custodia tu futuro (un banco) lo vende automáticamente a otra persona (con lo que el primero inversor pierde toda la inversión). Cuando hablamos del vendedor en un futuro sucede lo mismo pero a la inversa, apalancando ganancias cuando el precio del bien baja y apalancando pérdidas si el precio del bien sube.

Otros derivados.

Existen otros tipos de derivados: opciones, warrats, contratos por diferencias… las opciones son tal vez el único que merece la pena explicar. La diferencia conceptual con los futuros es que da a una de las dos partes la posibilidad de obligar a la otra a efectuar la transacción, pero no tiene por qué llegar a realizarse ( por ello esa parte paga una prima). Aquí: http://es.wikipedia.org/wiki/Opci%C3%B3n_financiera lo explican muy bien, así que no me voy a extender mucho más viendo lo que me ha ocupado la explicación de los futuros y lo confuso que empezaba a ser.

Los conceptos claves son apalancamiento (producido como hemos explicado, por causa de tener un producto que está referenciado a otro de valor superior, ya sea mediante posibilidad de adquirirlo o mediante crédito) y las posiciones en corto (para ganar cuando el precio baja), vender al descubierto, que básicamente consiste en  vender una cosa que no se posee para estar obligado a comprarla luego (imaginemos que no tienes una acción, pero te prestan una que no es tuya, tú la vendes, la acción baja, la vuelves a comprar y se la devuelves al que te la prestó, como la vendiste por más de lo que la compraste ganas dinero). La mayoría de los derivados se venden como seguro, aunque se utilicen para especular.


Con motivo de la discusión acerca de lo que representa la deuda en una economía y la necesidad o no de pagarla, en el blog de Javirl, se me ocurrió escribir un símil que ha acabado derivando en esto de aquí abajo. Lo importante es lo que está en negrita, lo otro son antecedentes y poco más.

Mi postura sobre la deuda es la siguiente:

<<Arreglar un problema de deuda con más deuda (ya sea de papelitos, de dinero o de lo que sea) no es arreglar nada. Siendo optimistas eso no sería más que un parche. Siendo pesimistas sería un pinchazo.
Sólo hay un motivo por el que se generan deudas que no se pueden devolver: se gasta más de lo que se ingresa. Solo hay una forma de arreglarlo: gastando menos de lo que se ingresa. Si lo que hace falta es aire, no vale con poner parches (aunque den algo de tiempo) ni vale con pinchar con agujas (lo que se consigue es que haya menos aire). Lo que hace falta es bombear aire.>>

Javirl me contestó:

<<Sé que lo “intuitivo” es que, si hemos gastado de más, gastar ahora de menos. Pero, como he explicado, ese razonamiento se basa en la hipótesis de que un país es como una unidad familiar. En el interior una unidad familiar no se “crea riqueza”, al menos no se crea riqueza que pueda servir para pagar deudas en el exterior. Los miembros de la familia deben trabajar fuera para poder conseguir los recursos con los que pagar su deuda. Pero no es igual en un país. La riqueza con la que pagamos nuestra deuda no tiene por qué generarse trabajando en el exterior, es decir, exportando.>>

Para justificar mi hipótesis replico:

Imaginemos una familia de cuatro miembros: padre, madre, hijo e hija.

Pongamos que el padre es agricultor y lo que saca de la tierra (muy fértil, no necesita más que agua que tiene en su propia finca para que crezca) sirve para alimentar a la familia y para vender un poquito. La madre cocina y es el gobierno, si hace falta algo para todos pide que entre todos se haga (como arreglar una teja del tejado de la casa) y en caso de que sea necesario puede sacar la escoba a pasear (monopolio de la violencia). Una hija se dedica a estudiar (totalmente autodidacta, por observación de lo que hacen los demás), dando buenos consejos para que los demás realicen sus tareas con más efectividad y el hijo cose con telas que compran en el mercado del pueblo, con lo que se saca del excedente de lo del padre.

La economía de esa casa es totalmente interna excepto por las telas y la venta del excedente del campo. La balanza exterior puede ser positiva o negativa (más les vale que sea positiva, diríamos todos). Las transacciones internas (trabajo del padre, estudio, cocina, coser…) no se pagan porque todos asumen que contribuyen lo mismo al bienestar de la familia. En un país no sería así, el que más trabajara o más aportara a la familia debería cobrar más. Si quisiéramos que la familia fuera como un país tendríamos que darle una moneda propia, que llamaremos “moneda familia”. Una moneda que los miembros del pueblo, si quisieran, podrían aceptar para pagarse entre ellos o para cobrar cosas a la familia si necesitan algo de ellos, porque son una familia solvente. Cuando el padre trabaja vende el alimento a los otros miembros de la familia, que a su vez lo compran con lo que sacan por vender las cosas que ellos hacen. Ya tenemos consumo interno y dos divisas, la “moneda pueblo” y la “moneda familia”.

Si los de la familia comienzan a deberse “favores”, traspasados a su dinero, empiezan a generar deudas internas. Si la hija que estudia debe demasiado porque sus consejos no son suficientemente bien pagados como para obtener comida, vestido, etc. entonces la hija tiene un problema. Si acumula tantas deudas que los demás dejan de hacerle favores a plazo, lo único que puede hacer es cambiar de ocupación; a algo que se necesite más y por lo que podrían pagarle más. Ella (que es muy lista) podría decidir hacer unos vales de deuda con “dinero hija”, pero no le serviría de nada porque todos los demás familiares sabrían que nunca los va a pagar porque no tiene forma de hacerlo (a no ser que cambie de ocupación, que sería lo realmente necesario). Eso sólo podría ser de forma diferente si nadie supiera que está endeudada, pero en casa todo se sabe. Si la madre, con la pena que siente por su hija, empieza a prestar y a hacer de buena madre, alimentar a su hija con su dinero sin que deje de estudiar, lo único que consigue es ser arrastrada por la deuda de su hija hasta que ella decida cambiar de ocupación. O bien puede darse el caso de que su cocina esté tan bien valorada que gane para alimentar a dos y la hija viva de la sopa boba toda la vida. O que la madre engañe al resto diciendo que hacen falta más reparaciones de las que en realidad son necesarias y los demás tengan que añadir esfuerzo para alimentar a la hija, que en realidad es una sanguijuela y vive un poco de todos y además sin preguntarles si quieren o no mantener esa situación.

En esas estamos ahora (en la familia España). Si la hija tiene gastos superfluos dentro de la familia (compra demasiadas costuras al hijo o tiene gula) puede reducir gastos para reducir su deuda. Si gasta lo justo, más le vale conseguir más ingresos cambiando de ocupación o teniendo dos. O exportando consejos al pueblo. Si la deuda de la familia fuera con alguien del pueblo, ya fuera en “dinero pueblo”, en “dinero familia” o en “dinero hija”, pues pasaría exactamente lo mismo. La única forma de devolver esas deudas es o consiguiendo el dinero de vender cosas dentro de la familia, para lo cual tendría que cambiar de ocupación, y usar ese dinero para pagar las deudas o de vender directamente fuera.


A ver si alguien me dice por qué esto no se parece a un estado (podría intentar seguir refinando el modelo) y  a ver si aliguen me explica cómo se hace para arreglar el problema de la hija de otra forma (distinta de la de trabajar más o en otra actividad) que no sea inmoral con los otros miembros de la familia o del pueblo. Además explicadme por qué existe algún motivo que induzca a pensar que más endeudamiento, tanto externo como interno, puede resolver aquí algún problema (más allá de un simple parche temporal).


Aquí va, por fin, la última entrega de las Lecciones de Economía para Víctimas de la LOGSE.

Casi todo el mundo tiene la intuición de que el beneficio es la diferencia entre el coste al que una empresa produce sus productos y el precio al que consigue venderlos. Ésto, a grosso modo, es c0rrecto.

Entonces, cuando una empresa no puede producir por debajo de los precios de mercado la empresa incurre en pérdidas ¿Significa ésto que la empresa quiebre? NO. La empresa no quiebra hasta que no puede hacer frente a sus pagos, es decir, hasta que se queda sin caja. Es más, algunas empresas quiebran incluso teniendo beneficios. Para entender ésto mejor explicaré lo que es la caja.

La caja (o tesorería) de una empresa es el dinero líquido del que dispone en un momento dado. La caja aumenta siempre que se COBRA algo. No cuando se vende, sino cuando se cobra. De la misma forma disminuye cuando se PAGA algo, no cuando se compra algo.

No todos los cobros son ventas ni todos los pagos son costes. Cuando se trata de financiar la empresa se incurren en pagos que no son pérdidas y cobros que no son beneficios. Si cobras un préstamo no estás aumentando tu beneficio, ya que ese dinero lo tienes que devolver más adelante. De la misma forma si pagas un préstamo tampoco estás incurriendo en pérdidas, ya que contabas con que ese dinero no era tuyo y no lo habías añadido a tus beneficios. Si el dinero que retiras o ingresas en la caja es de los socios en vez de provenir de una fuente de financiación externa (como un banco), tenemos también pagos en forma de dividendos, disminución de capital, etc y cobros en forma de ampliaciones de capital.

Todas las empresas, a largo plazo,  deben tener beneficios si no quieren quebrar, pues con pérdidas irán reduciendo su caja hasta que no quede nada, aunque en el corto plazo pueden tener pérdidas puntuales que sean compensadas con beneficios futuros y siempre que la empresa tenga una caja suficientemente grande o esté suficientemente bien financiada. Pero con eso no es suficiente, además de tener beneficios debe estar atenta a no quedarse sin caja por los otros motivos antes expuestos, de tal manera que si intuye que no va a poder hacer frente a pagos lo que debe hacer es refinanciarse antes de que sea demasiado tarde, aunque eso reduzca su beneficio (ya que los créditos añaden un coste por el interés). Si no hay posibilidad de refinanciarse la empresa quiebra sin remedio.

Otro problema al que tienen que hacer frente las empresas es a los impuestos que están referidos a beneficios o ventas cuando esas ventas aún no se han cobrado (y en ocasiones no se llegan a cobrar nunca). Si hacen una venta que les van a pagar dentro de un año tienen que pagar IVA por esa venta en el momento que se produce y además tienen un beneficio no cobrado que hace que tengan que pagar el impuesto de sociedades (superior al 20% de ese beneficio) también en el ejercicio actual. Si no tienen dinero en caja para pagar esos impuestos, aunque vayan a cobrar la venta en el futuro, quiebran; aunque hayan tenido beneficios. Si la empresa que hizo la compra quiebra antes de poder pagar, puede hacer que la empresa que vendió tampoco tenga dinero suficiente en caja para hacer frente a los pagos que tiene que afrontar en ese momento, haciéndola quebrar también y entrando en una espiral de destrucción de empresas.

Pues aquí acaba esta historia. Con esta entrada termino el índice de las Lecciones de Economía para Víctimas de la LOGSE y cumplo mi compromiso de hace unos meses. Espero que a alguien le haya valido lo que he escrito para algo y, como siempre, si alguien quiere que añada algo o tiene alguna duda o discrepancia (ya sea sobre este artículo o sobro alguno de los anteriores) puede escribir al respecto y estaré encantado de responderle.


Ésta es la segunda entrega de las Lecciones de Economía para Víctimas de la LOGSE.

Intentaré empezar como suelo hacer, definiendo aquello sobre lo que pretendo hablar:

¿Qué es el interés?

El interés es definido habitualmente como “el precio del dinero”. Este término es bastante confuso para los que no han oído en su vida nada sobre economía. En realidad lo que le falta es el apellido “en el tiempo”. El precio del dinero en el tiempo significa que, cuando tú pides a alguien dinero, ese alguien te lo deja a cambio de que le devuelvas más. ¿Cuánto más? Pues depende del interés que se pacte/acepte/compre. A mayor interés, más dinero tendrás que devolver a quien te lo prestó. Al final el dinero no deja de ser otro producto al que se le puede poner un precio y se puede vender, como las demás cosas, solo que no se paga en el momento de la transacción, se paga en el futuro.

Tasa Anual Equivalente y conceptos similares.

El interés, expresado de una manera bruta, sería el porcentaje de dinero que tienes que añadir a la cantidad que te prestaron para saldar la deuda cuando ésta venza. Si te dejan 100 euros y el interés bruto es un 3% tendrás que devolver 103 euros. Normalmente el interés no se expresa de esta manera, ya que cuando pactas/aceptas/compras un crédito, además de decir la cantidad de dinero que necesitas en el presente se acuerda el interés y la fecha en que vas a ir realizando los pagos y de qué manera los vas a ir haciendo. Como no es lo mismo pagar un 1% en un mes que en un día o en un año, se utiliza el término TAE, o tasa anual equivalente, que sería el interés que estás pagando por cada año que el dinero prestado sigue prestado.

Para explicar esto de la manera más sencilla posible voy a poner unos ejempos:

  1. Pides un crédito de 1000 € a devolver al cabo de un año y al 3% TAE. Al cabo de ese año pagas 1030 € y la deuda queda saldada. El interés bruto que has pagado también ha sido un 3%.
  2. Pides un crédito de 1000 € al banco a devolver al cabo de 6 meses al 3% TAE. Al cabo de esos 6 meses pagas 1015 € para saldar la deuda. Pagas la mitad de ese 3% TAE, porque solo has tenido la deuda contraída medio año y la TAE es para un año entero.
  3. Pides un crédito de 1000 € a devolver al cabo de dos años y al 3% TAE, pagando los intereses cada año. El primer año pagarías 30€ y al cabo de dos años pagas 1030 € y la deuda quedaría saldada. Aquí el interés bruto sería un 6%, ya que pagas 60€, pero has pagado un 3% cada año, de ahí que se utilice el % TAE.
  4. Pides un crédito de 1000 € a devolver al cabo de dos años y al 3% TAE, pagando todo al final de los dos años. Cuando tuvieras que saldar toda la deuda transcurridos esos dos años tendrías que pagar 1060,90€ ¿De dónde han salido esos 90 céntimos? Sería el dinero que estarías pagando por los 30€ de interés que generaste el primer año pero que no pagaste hasta el segundo, con lo cual esos 30€  fueron otra deuda nueva por valor de 30€ y duración de un año, que al 3% aunal genera 0.90€. El interés bruto en este caso sería 6,09 %, sin embargo la TAE seguiría siendo del 3%.

Creo que con estos ejemplos ya podría el lector calcular cuánto valdrían otros créditos conociendo la TAE, el plazo de vencimiento de cada parte de la deuda y la cuantía de la deuda en cada momento. El banco te va a cobrar siempre por la cantidad de dinero total que le debas (el principal), y el % TAE se aplica por cada año que tengas esa deuda contraída.

Siempre que se hable de un interés de manera genérica, todo el mundo entiende que es anual (en %TAE), así se puede comparar de manera objetiva el precio de cada deuda independientemente de cómo se hagan los pagos o de cuánto dinero se deba. También se utilizan tasas anuales para comprar rentabilidad de inversiones.

Variables que influyen en el interés.

Las variables principales que influyen en el interés (entendiéndolo ya como %TAE cada vez que salga en el artículo) que alguien tiene que pagar por tener el dinero que le han prestado son las siguientes:

  • La principal variable es el riesgo de impago, que está relacionada con las que vendrán a continuación. El riesgo de impago también se suele expresar en porcentaje, y sería la probabilidad de que el deudor no pudiera o quisiera hacer frente a los pagos que debería según lo acordado. Los bancos lo calculan en función de los ingresos y gastos previstos de la persona/entidad a la que prestan el dinero.
  • También influye el dinero o bienes que ya posees, ya que aunque no puedas pagar con dinero podrías venderlos para obtenerlo y hacer frente a la deuda.
  • El tipo de interés del banco central o inter-bancario, digamos que sería el precio al que el banco está consiguiendo el dinero para prestárselo al cliente. Un banco nunca debería prestar dinero a un interés más bajo del que a él le cuesta conseguirlo, ya que perdería dinero en el momento en que vencieran los dos préstamos (en el que el banco es deudor y en el que es acreedor). Si hiciera eso el banco quebraría.
  • El tiempo que el deudor va a tener la deuda contraída. A mayor tiempo, mayor interés. Esto se justifica por la incertidumbre. Aumenta el riesgo de impago con el tiempo. Es más probable que alguien a quien vas a prestarle 1000 € el día 28 del mes te los pueda devolver al cabo de una semana (cuando haya cobrado) que si le prestas esos 1000 € para que te los devuelva dentro de un año (que puede que ya ni tenga trabajo y se lo haya gastado todo).
  • La utilidad que pretenda darle el cliente al dinero. Si pretendes comprar algo tangible con ese dinero, que puede ser fácilmente vendible en caso de que no pagues, recuperando el dinero que el banco te prestó para comprarlo, entonces te cuesta menos el crédito que pides. Si pretendes invertirlo en algo que te pueda dar beneficios; cuánto más seguro sea el beneficio (menos riesgo tenga) menos te costará conseguir el dinero.
  • La cantidad de dinero que pidas. A igualdad de las otras variables, si pides más dinero te cobrarán más interés por él. También tiene que ver con el riesgo que está asumiendo el banco por dártelo.
  • El mercado. Como ya he dicho antes, el dinero pasa a ser un producto más, que se puede comprar (adquirir deudas) y vender (liquidar deudas). Nadie compra más caro que lo que entiende que se paga en el mercado y nadie vende más barato,  por lo que influyen los precios a los que los otros bancos estén prestando el dinero para que el tuyo te fije el interés a ti.
  • Hay otras variables que influyen en el interés (ciclo económico, localización, situación del banco…), pero creo que se pueden relacionar o incluir en las que he puesto arriba. De todas maneras, si alguien cree que me dejo alguna le agradecería que me lo pusiera en un comentario.

Justificación ética para inconscientes y/o perroflautas.

El motivo por el que me decidí a escribir toda esta   serie de artículos fue porque vi a unos individuos de los  concentrados desde el 15-M en la tele pidiendo  que  se prohibieran los créditos con interés.  Añado  esta sección al artículo para explicar por  qué eso  no puede pasar ni pasará jamás. Si habéis  sido  capaces de deducirlo vosotros solos con lo  que ya  habéis leído, no hace falta que sigáis  leyendo más.

Si los bancos, o los acreedores en general, no pudieran cobrar interés por la deuda, se acabaría el mundo. Tal y como hoy lo conocemos. Directamente nadie prestaría el dinero a nadie (excepto tal vez familiares y muy pocos amigos si realmente lo necesitas). Nadie presta dinero a otro para que se lo gaste si no va a obtener nada a cambio, para eso ya podría gastárselo él. ¿Para qué voy a prestarte yo dinero a ti para comprarte un coche pudiendo tener yo dos coches en vez de uno?

Hay que entender que cuando prestas dinero a alguien siempre cabe la posibilidad de que no te lo devuelva. Cada deuda que no es devuelta la tienen que pagar los otros deudores, o el banco quiebra (la suma de todos las entradas de dinero menos las salidas no puede ser negativa). La pagan incluida en el interés que el banco les fijó.

Los bancos también tienen que hacer sus propios pagos. Tienen empleados que cobran sueldos. Tienen gastos por mantenimiento de sus sistemas, edificios, etc. Los clientes tienen que pagar esos gastos con lo que pagan de interés. Si los intereses no pueden cubrir esos gastos el banco quiebra.

Los bancos o acreedores tienen también que hacer frente a sus propios pagos, el dinero que tienen prestado es dinero del que ya no pueden disponer, hasta que venza la deuda. Si no pueden hacer frente a los pagos presentes se les considera quebrados, con lo que su riesgo de quiebra aumenta cada vez que hacen un préstamo. Ese riesgo también va incluido en el interés.

El dinero que se presta es, en muchos casos, prestado para invertirlo y sacar un rentabilidad mayor que el propio interés que se paga al banco por ese dinero. Es justo que si alguien te deja algo que es suyo para que tú le saques un beneficio reciba parte de ese beneficio a cambio. Comprarte una casa y disfrutar de ella también se puede entender como un beneficio. Recordemos que si el banco no nos prestara el dinero para comprar esa casa, tendríamos que estar ahorrando 40 años (y pagando un alquiler a la vez) antes de poder comprarla e irnos a vivir a ella. Gracias al banco esos 40 años se reducen considerablemente.

Si se pudiera pedir dinero gratis (a interés 0)  todo el mundo pediría todo el dinero que pudiera para disponer de él y en caso de no gastarlo volver a devolverlo al vencimiento. Incluso si ya lo hubiera gastado al vencimiento y no pudiera pagar, para saldar esa deuda pediría otro crédito, que también sería gratis, para pagar el primero. Nadie tendría ningún afán por trabajar ni hacer cosas para vender a los demás, porque, total, el dinero lo podrían obtener en el banco.

Como fácilmente se puede ver, no cobrar interés por el dinero no tiene sentido. Incluso dejar los tipos de interés bajos durante bastante tiempo y en periodos de bonanza económica, hace que se den situaciones parecidas a algunas de las enunciadas arriba y precipitan crisis enormes (como la que tenemos ahora). Así que lejos evitar crisis poniendo el interés a cero, lo que se conseguiría sería vivir en una crisis absoluta y permanente.

Un saludo y gracias por el tiempo que os habrá robado el artículo.