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Bueno, por petición de InYourFace, escribo esta entrada como anexo a las Lecciones de Economía para Víctimas de la LOGSE. Lo inserto en el apartado de Los mercados: Oferta y demanda, pero si no se tienen unas nociones previas es recomendable leer el artículo de Balances: Activo y pasivo antes que éste.

Cuando la gente habla de “los mercados”, como entes malignos y perniciosos para la economía en general y para la suya, la de su bolsillo en particular, se suelen referir no a todos los mercados, sino a los financieros. Esto se produce por puro desconocimiento, pues los mercados financieros son tan buenos o malos como cualquier otro, pero la mayoría de la gente ni siquiera sabe qué es lo que allí se compra o se vende. Lo que allí se compra o se vende es deuda, financiación; mientras que en los otros mercados, en los que la gente sí entiende lo que pasa, lo que se compra o vende son bienes o servicios.

Punto de vista del emisor de deuda

El deudor ve la deuda como un pasivo. Centrándonos en el pasivo, lo que interesa saber de los mercados financieros es que hay varios tipos de pasivo, que se negocian (compran y venden) de forma distinta.

Cómo ya expliqué, el pasivo es, de manera resumida, lo que una entidad debe a otra (para la entidad deudora, para la acreedora esa misma cantidad es activo). Por tener esa deuda contraída con alguien la deudora tiene que pagar una renta o interés. Eso hace que haya gente interesada en comprar deudas (o pasivo), si las rentas que se ofrecen son suficientemente altas.

Las empresas emiten deuda cuando necesitan financiación (ya sea para hacer frente a pagos, para realizar inversiones o para refinanciar la deuda contraída previamente que vence en ese momento). Para financiarse pueden dejar que la entidad que pone el dinero se convierta en parte de la empresa (ampliando el capital social o los fondos propios) o bien contrayendo compromisos de pago a futuro e intereses (capital ajeno, que más tarde saldrá de la empresa para devolver lo prestado a partir del beneficio obtenido con ese dinero).

Punto de vista del inversor o comprador de deuda

El inversor ve la deuda como un activo. Lo que tiene es dinero y lo que quiere es obtener el máximo beneficio de él. Renuncia a su riqueza presente para tener más en el futuro. Además, si no se invierte el dinero va perdiendo valor poco a poco por el efecto de la inflación, con lo que guardando el dinero no solo no eres más rico, sino que te vuelves más pobre.

Eso hace que el inversor esté dispuesto a asumir un riesgo a cambio de una rentabilidad. El riesgo se presupone que es de que no te paguen, o de que te paguen menos de lo que esperabas (por depreciaciones de las inversiones o por imposibilidad de hacer frente a pagos la entidad deudora). Normalmente, a mayor riesgo de la inversión más rentabilidad se puede obtener (porque al haber menos gente dispuesta a prestar el dinero [oferta] los que lo necesitan tienen que ofrecer más [demanda] para obtenerlo).

Las opciones que tiene el inversor son, básicamente, dos. Renta fija o renta variable.

En la renta fija el activo que compra (él compra activo, aunque para el emisor sea pasivo) tiene una rentabilidad prefijada, un tipo de interés  y unos plazos conocidos de antemano.

En la renta variable el activo no lleva aparejado un compromiso de remuneración, puede dar rentabilidad o no, dependiendo de como se comporte la entidad que soporta esa deuda.

Ambos tipos activos se pueden comprar y vender en cualquier momento, con lo que la rentabilidad final que se extraiga dependerá del precio de compra y del precio de venta, además de los pagos que el inversor haya recibido mientras era poseedor de ese título.

A los productos que se negocian (compran o venden) en un mercado financiero se les da el nombre genérico de títulos. A continuación pasaré a explicar los tipos de títulos más comunes y las diferencias más reseñables entre unos y otros.

Títulos financieros

Antes de nada habría que definir las dos propiedades principales de todos los títulos:

– Valor de un título es la tasación del mismo, el valor ideal por el que se debería comprar o vender. Se puede saber el valor al que se están negociando (comprando y vendiendo) en un momento dado, a ese precio se le llama “precio de mercado”.

– La liquidez de un título es la posibilidad de venderlo/comprarlo en un espacio de tiempo pequeño y por un precio muy similar al valor de mercado. Cuanto más se negocia un título (más volumen de negociación tiene) más líquido es.

Acciones

Las acciones son pasivo de una empresa del tipo “capital propio”, es decir,  el poseedor de una acción pasa a formar parte de los socios de la empresa, le pertenece una parte de la misma. La rentabilidad de las acciones es variable. Mientras el inversor es poseedor de ellas tiene derecho a una parte del beneficio de la empresa, que se reparte entre todos los accionistas, llamada dividendo. Las acciones cotizan en el mercado de valores y son uno de los títulos más populares y negociados.  Su valor, en teoría, depende de la valoración de la empresa que soporta el título. Hay gente que prefiere invertir en acciones para percibir el dividendo, a largo plazo (años), y otros que prefieren comprar barato y vender más alto en intervalos de tiempo más pequeños.

Bonos

Los bonos, de manera muy genérica, son compromisos de pago estipulados en el momento de la emisión y venta por parte de la entidad emisora. Como un crédito que el inversor concede a la entidad que emite el bono. Son, por lo tanto, renta fija. Generalmente se paga un precio por ellos, se reciben unos cupones (pequeños pagos en comparación con el precio del bono, como un interés) y el último pago es por un importe similar al precio de compra. Una vez que se es poseedor de un bono, también de forma general, se puede vender el mismo en mercados secundarios, por un importe a negociar que puede ser diferente del precio de adquisición, en función de los pagos que falten por cobrar y de la rentabilidad de otros productos competidores.

Futuros

Los futuros son un derivado financiero (cuyo valor depende del valor de otra cosa, el subyacente), el más antiguo de todos, que tiene varias finalidades. Consiste en comprometer un pago a cambio de una mercancía en un futuro fijado y a un precio fijado en el momento de compra del futuro. Al emisor del futuro le asegura un pago, con lo que puede quitarse la incertidumbre de saber a cuánto le comprarán la mercancía cuando esté producida y si le saldrá rentable o no producirlo, sirve como seguro frente a pérdidas. Los contratos de futuros tienen dos partes, el vendedor y el comprador de la mercancía. Al comprador le sirve para ganar dinero si el bien que se ha comprometido a comprar aumenta su valor, ya que él pagará menos por él. Al vendedor, por el contrario, le hace ganar dinero si el precio de la mercancía baja, ya que a él le van a pagar por esa mercancía más de lo que vale. También están cotizando y se pueden negociar en cualquier momento después de emitidos, con lo cual no hace falta esperar a que llegue el plazo estipulado para ganar dinero con ellos (o perderlo).

Tienen la particularidad de que son un producto apalancado, ya que para comprar un futuro no hace falta tener todo el dinero que se va a pagar cuando llegue el vencimiento, basta con depositar un porcentaje del mismo para cubrir las eventuales pérdidas. Con esto se consigue que si, por ejemplo, se ha de poseer un 10% del valor actual del producto (lo llamaremos X) para hacerse con el futuro, y el valor del producto se incrementa un 10% antes de que llegue el vencimiento del futuro, el inversor puede venderlo con una ganancia de 0,1*X a otra persona, mientras que él solo se gastó 0,1*X para conseguir el futuro, por lo que su ganancia no ha sido del 10%, sino del 100%, se ha apalancado 10 veces. Las pérdidas se apalancan de igual manera, pero si no puedes hacer frente a las mismas con la cantidad que has depositado, la entidad que custodia tu futuro (un banco) lo vende automáticamente a otra persona (con lo que el primero inversor pierde toda la inversión). Cuando hablamos del vendedor en un futuro sucede lo mismo pero a la inversa, apalancando ganancias cuando el precio del bien baja y apalancando pérdidas si el precio del bien sube.

Otros derivados.

Existen otros tipos de derivados: opciones, warrats, contratos por diferencias… las opciones son tal vez el único que merece la pena explicar. La diferencia conceptual con los futuros es que da a una de las dos partes la posibilidad de obligar a la otra a efectuar la transacción, pero no tiene por qué llegar a realizarse ( por ello esa parte paga una prima). Aquí: http://es.wikipedia.org/wiki/Opci%C3%B3n_financiera lo explican muy bien, así que no me voy a extender mucho más viendo lo que me ha ocupado la explicación de los futuros y lo confuso que empezaba a ser.

Los conceptos claves son apalancamiento (producido como hemos explicado, por causa de tener un producto que está referenciado a otro de valor superior, ya sea mediante posibilidad de adquirirlo o mediante crédito) y las posiciones en corto (para ganar cuando el precio baja), vender al descubierto, que básicamente consiste en  vender una cosa que no se posee para estar obligado a comprarla luego (imaginemos que no tienes una acción, pero te prestan una que no es tuya, tú la vendes, la acción baja, la vuelves a comprar y se la devuelves al que te la prestó, como la vendiste por más de lo que la compraste ganas dinero). La mayoría de los derivados se venden como seguro, aunque se utilicen para especular.

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Allá voy con la penúltima entrega de las Lecciones de Economía para Víctimas de la LOGSE.

En esta ocasión quiero explicar lo que es un balance sin liar mucho al personal. Esto es contabilidad, no economía, pero ayuda a entenderla. Un balance es un informe que da idea de cómo se encuentra el patrimonio de una empresa en el momento en que se elabora dicho balance. En el balance se contabiliza (en cuentas) el valor de las cosas o las deudas. En un balance podemos ver dos partes claramente diferenciadas, el activo y el pasivo.

Podemos decir que activo y pasivo son dos caras de la misma moneda. Cada euro que entra o sale a la empresa entra o sale al activo y al pasivo de la misma. Entra o sale en los dos sitios a la vez, porque todas las monedas tienen dos caras, no pueden tener sólo cara o sólo cruz. Por eso la cantidad total de dinero que hay en las cuentas del activo siempre es igual a la que hay en las del pasivo.

 

El activo

En el activo se contabiliza lo que se hace con el dinero, en qué forma se encuentra dentro de la empresa. Puede ser dinero metálico, o bien puede que sea un coche que se ha comprado (que tiene un valor) o puede ser unos terrenos o incluso una patente… cualquier cosa que haya en una empresa y que tenga valor está reflejada en el activo del balance. Las cosas que tienen valor en una empresa deben ser capaces de generar más valor.

El pasivo

En el pasivo se contabiliza la propiedad real del dinero que hay en la empresa. El dinero puede pertenecer a la propia empresa, puede que se lo haya prestado algún banco o puede que pertenezca a otra gente que aún no lo ha reclamado. Los propietarios de ese dinero suelen pedir una rentabilidad a cambio de dejar el dinero en la empresa, por lo que disponer de ese dinero tiene un coste (coste del capital).

 

Movimientos entre cuentas

Tanto el activo como el pasivo se suelen subdividir en varias categorías, casi siempre atendiendo a la liquidez del mismo (velocidad a la que se puede obtener otras cosas a cambio de lo que ya se posee) y a la propiedad. Yo voy a intentar hacer una clasificación fácil de entender.

En el activo podríamos encontrar activo inmovilizado (propiedades, patentes, maquinaria…), activo circulante (repuestos, materia prima, piezas a medio hacer…) y dinero metálico o electrónico (se suele considerar circulante también).

En el pasivo podríamos encontrar pasivo fijo, deudas a largo plazo (cuyo principal todavía no habrá sido devuelto antes de un año); deudas a corto plazo (que hay que liquidar en el año presente) y fondos propios (dinero que no hay que devolver porque es de la empresa, aunque se puede dar a los accionistas, que son los dueños de la empresa; se suele considerar pasivo fijo).

El flujo de dinero entre estos subgrupos es normal. Por ejemplo, si usas 10.000 euros para comprar una furgoneta quitas 10.000 de dinero metálico y añades 10.000 al activo inmovilizado. Sigue habiendo 10.000 euros en el activo que estarán respaldados por 10.000 en el pasivo. Otro ejemplo sería si una deuda que tenías de 10.000 euros con el banco tienes que devolverla justo en un año. Ese día sacas 10.000 euros de deudas a largo plazo y añades 10.000 euros en deudas a corto plazo. Sigue habiendo la misma cantidad de pasivo y estará respaldada por 10.000 euros en el activo.

Para aumentar o disminuir el pasivo o el activo se tienen que dar las dos cosas a la vez. Por ejemplo, si quieres cancelar una deuda de 10.000 euros con un proveedor, sacas 10.000 euros de dinero metálico (activo) y sacas 10.000 euros de deudas a corto plazo, con lo que tu balance se ha reducido en 10.000 euros (activo y pasivo).

 

Amortizaciones y beneficios

Los activos tienden a variar su valor. Se considera que con el tiempo pierden valor porque van envejeciendo y se desgastan. Para contabilizar esta pérdida de valor se incluye un activo que se llama “amortizaciones acumuladas”. Esta cuenta del activo representa la pérdida de valor de los activos de una empresa. Cuando un activo pierde todo el valor que costó en su momento (cuando se compró) se saca del balance y se borra su amortización acumulada. Como era propiedad de la empresa se reducen también los fondos propios en la misma cuantía (para que activo sea igual a pasivo).

Los beneficios de una empresa se añaden a sus fondos propios (están respaldados en el activo por la ganancia de valor de los activos o por la entrada nueva de activo, como dinero o deuda de la que somos acreedores), y las pérdidas se descuentan también de los fondos propios.

Por hoy es todo. En la próxima entrega finalizo con esta saga, y veremos como una empresa con beneficios puede quebrar y una empresa con pérdidas mantenerse a flote.