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Escribo esta entrada después de mucho tiempo de ausencia, tras mi retorno del extranjero y el periodo vacacional. Cuando volví a España podía mirar a nuestro país como si yo mismo no fuera español, aunque esa perspectiva me duró poco, ya que no tardé en involucrarme emocionalmente en lo que aquí se está viviendo, además de verme afectado igual que el resto de españoles por la situación que aquí se vive.

Me di cuenta de que, mientras desde fuera se ve a nuestro país como un foco de incertidumbre, a punto de ser rescatado (con todo lo que eso involucra, ya que ser rescatado significa no ser capaces de hacer frente a nuestros pagos con el extranjero como país), y desde dentro lo que percibía es que lo único que importaba era ganar una Eurocopa de mierda y salir a la calle para celebrarlo bebiendo cualquier bazofia que tuviera algún grado de alcohol. Vi más banderas de España en las calles que en toda mi vida. Parecía que cuando más avergonzados tendríamos que sentirnos de ser Españoles, de ser insolventes, más orgullosos estábamos. Eso sí, todo el mundo quejándose de los otros. Ya sea de los mercados, de los políticos, de los banqueros, de los funcionarios, de los que ganan mucho dinero… de todo menos de nosotros mismos.

La realidad es que el cáncer de España somos  nosotros mismos. Somos ladrones. Aguantamos y amparamos a los ladrones porque nos sentimos identificados con ellos. La gente copia en los exámenes, se droga, se emborracha, roba, se esfuerza por no trabajar; y la gente somos todos. No nos ponemos en contra del que roba, nos ponemos en contra del que tiene dinero, porque vemos que nosotros seremos incapaces de tenerlo jamás. No pedimos la oportunidad de dejarnos intentarlo, de esforzarnos por conseguirlo honradamente aportando a la sociedad, pedimos que se les niegue a quien ya lo consiguió, independientemente de cómo lo hiciera. No somos violentos, pero no porque estemos convencidos de que la violencia es mala, sino porque sabemos que egoístamente no nos beneficia jugarnos el pellejo, cuando la violencia es ejercida impunemente (huelgas, acontecimientos deportivos…) no tenemos ningún problema en ejercerla. Nadie denuncia los comportamientos que cree que pueden ser deshonestos si cree que esa denuncia puede perjudicarle lo más mínimo, y nadie hace nada para que no se perjudique al que denuncia con razón estos comportamientos. Nadie pretende que no se robe; pretende que no se le robe a él.

Los alemanes no quieren prestarnos el dinero. Normal. Yo tampoco nos lo prestaría si el dinero fuera mío. No tienen por qué aguantar nuestra idiosincrasia y nuestras estúpidas costumbres que nos han llevado a la situación en la que estamos. No tienen por qué pagar a la gente que nosotros permitimos que vivan del presupuesto público sin aportar nada a la sociedad.  Además ven que, incluso en la situación patética que nos encontramos, seguimos viviendo mejor que ellos, y casi nadie se priva de nada. Seguimos con nuestras fiestas, nuestras tapas y nuestras cañas, nuestros toros y nuestras playas, diciendo que somos pobres y que nos ayuden, poniendo la mano como si fuéramos mendigos, y gastándonos irresponsablemente lo poco que nos queda o que nos dan. Sin intención de renunciar a nada, porque son “nuestros derechos”.

Seguimos con nuestras disputas estúpidas, a causa de estupideces irrelevantes en los tiempos que corren, y aplaudiendo con las orejas a los que están por encima de nosotros y nos dan la razón en estas estupideces, sin darnos cuenta que esos mismos son los que nos siguen llevando por donde a ellos les interesa. Esos mismos son los que no aportan absolutamente nada positivo a la sociedad y se llevan cada mes lo que otros sí que han aportado, sin importarles ya si esas personas que sí que están aportando serán capaces de sostenerse ellos mismos antes de tener que sostenerlos a ellos. Seguimos barriendo cada uno para nuestra casa, barrio, pueblo, cuidad o comunidad autónoma sin importarnos la mierda que les pueda caer encima a los demás por causa de nuestras acciones, remando cada trozo del país en direcciones opuestas y manteniendo a todos los timoneles que hacen que el país no avance hacia ningún sitio.

Lo que he podido observar de los españoles que van al extranjero es que somos realmente odiosos. Si los que vinieran a España hicieran aquí lo mismo que hacemos nosotros fuera los sacaríamos a patadas. El español no se esfuerza absolutamente nada por adaptarse al sitio donde va. No se mezcla con la población autóctona a no ser que no pueda evitarlo. No aprende el idioma local. Si hay más españoles no quiere saber nada de los demás. Se ríe de todo aquel que no es capaz de comunicarse con él y lo trata como si fuera idiota, sin además darse cuenta de que también es él quien no es capaz de comunicarse con los otros.

El español se ha convertido en un ser mediocre. Lo que se nos ha enseñado desde que somos pequeños es que tenemos que ser mediocres. Al que destaca por arriba o por abajo se le machaca, desde que somos pequeños en las clases del colegio, el empollón o el tonto recibe las burlas de sus compañeros. Al único que se respeta es al mediocre. No se premia el esfuerzo, en lugar de eso se fomenta la envidia y se educa para no ser objeto de ella. Cuando crecemos seguimos igual, intentando no ser pobres pero tampoco esforzándonos para ser ricos. Los programas de la tele son mediocres y triunfan porque nosotros lo somos. No hace falta ni fomentar la ignorancia, nace sola de nuestra mediocridad. Nuestros políticos son mediocres porque nosotros elegimos a gente mediocre. Porque, nos guste o no nos guste, nos representan mejor de lo que nos gustaría. Parece que la única excepción a esta regla es el deporte, en el único sitio en el que es aplaudida la excelencia y se permite que el que destaque sea respetado, creando la falsa ilusión de que todos estamos con ellos y todos somos igual de excelentes porque ellos ganen.

Tristeza. Eso es lo que siento por la España que me ha tocado vivir y que casi seguro me tocará abandonar.


Con motivo de la discusión acerca de lo que representa la deuda en una economía y la necesidad o no de pagarla, en el blog de Javirl, se me ocurrió escribir un símil que ha acabado derivando en esto de aquí abajo. Lo importante es lo que está en negrita, lo otro son antecedentes y poco más.

Mi postura sobre la deuda es la siguiente:

<<Arreglar un problema de deuda con más deuda (ya sea de papelitos, de dinero o de lo que sea) no es arreglar nada. Siendo optimistas eso no sería más que un parche. Siendo pesimistas sería un pinchazo.
Sólo hay un motivo por el que se generan deudas que no se pueden devolver: se gasta más de lo que se ingresa. Solo hay una forma de arreglarlo: gastando menos de lo que se ingresa. Si lo que hace falta es aire, no vale con poner parches (aunque den algo de tiempo) ni vale con pinchar con agujas (lo que se consigue es que haya menos aire). Lo que hace falta es bombear aire.>>

Javirl me contestó:

<<Sé que lo “intuitivo” es que, si hemos gastado de más, gastar ahora de menos. Pero, como he explicado, ese razonamiento se basa en la hipótesis de que un país es como una unidad familiar. En el interior una unidad familiar no se “crea riqueza”, al menos no se crea riqueza que pueda servir para pagar deudas en el exterior. Los miembros de la familia deben trabajar fuera para poder conseguir los recursos con los que pagar su deuda. Pero no es igual en un país. La riqueza con la que pagamos nuestra deuda no tiene por qué generarse trabajando en el exterior, es decir, exportando.>>

Para justificar mi hipótesis replico:

Imaginemos una familia de cuatro miembros: padre, madre, hijo e hija.

Pongamos que el padre es agricultor y lo que saca de la tierra (muy fértil, no necesita más que agua que tiene en su propia finca para que crezca) sirve para alimentar a la familia y para vender un poquito. La madre cocina y es el gobierno, si hace falta algo para todos pide que entre todos se haga (como arreglar una teja del tejado de la casa) y en caso de que sea necesario puede sacar la escoba a pasear (monopolio de la violencia). Una hija se dedica a estudiar (totalmente autodidacta, por observación de lo que hacen los demás), dando buenos consejos para que los demás realicen sus tareas con más efectividad y el hijo cose con telas que compran en el mercado del pueblo, con lo que se saca del excedente de lo del padre.

La economía de esa casa es totalmente interna excepto por las telas y la venta del excedente del campo. La balanza exterior puede ser positiva o negativa (más les vale que sea positiva, diríamos todos). Las transacciones internas (trabajo del padre, estudio, cocina, coser…) no se pagan porque todos asumen que contribuyen lo mismo al bienestar de la familia. En un país no sería así, el que más trabajara o más aportara a la familia debería cobrar más. Si quisiéramos que la familia fuera como un país tendríamos que darle una moneda propia, que llamaremos “moneda familia”. Una moneda que los miembros del pueblo, si quisieran, podrían aceptar para pagarse entre ellos o para cobrar cosas a la familia si necesitan algo de ellos, porque son una familia solvente. Cuando el padre trabaja vende el alimento a los otros miembros de la familia, que a su vez lo compran con lo que sacan por vender las cosas que ellos hacen. Ya tenemos consumo interno y dos divisas, la “moneda pueblo” y la “moneda familia”.

Si los de la familia comienzan a deberse “favores”, traspasados a su dinero, empiezan a generar deudas internas. Si la hija que estudia debe demasiado porque sus consejos no son suficientemente bien pagados como para obtener comida, vestido, etc. entonces la hija tiene un problema. Si acumula tantas deudas que los demás dejan de hacerle favores a plazo, lo único que puede hacer es cambiar de ocupación; a algo que se necesite más y por lo que podrían pagarle más. Ella (que es muy lista) podría decidir hacer unos vales de deuda con “dinero hija”, pero no le serviría de nada porque todos los demás familiares sabrían que nunca los va a pagar porque no tiene forma de hacerlo (a no ser que cambie de ocupación, que sería lo realmente necesario). Eso sólo podría ser de forma diferente si nadie supiera que está endeudada, pero en casa todo se sabe. Si la madre, con la pena que siente por su hija, empieza a prestar y a hacer de buena madre, alimentar a su hija con su dinero sin que deje de estudiar, lo único que consigue es ser arrastrada por la deuda de su hija hasta que ella decida cambiar de ocupación. O bien puede darse el caso de que su cocina esté tan bien valorada que gane para alimentar a dos y la hija viva de la sopa boba toda la vida. O que la madre engañe al resto diciendo que hacen falta más reparaciones de las que en realidad son necesarias y los demás tengan que añadir esfuerzo para alimentar a la hija, que en realidad es una sanguijuela y vive un poco de todos y además sin preguntarles si quieren o no mantener esa situación.

En esas estamos ahora (en la familia España). Si la hija tiene gastos superfluos dentro de la familia (compra demasiadas costuras al hijo o tiene gula) puede reducir gastos para reducir su deuda. Si gasta lo justo, más le vale conseguir más ingresos cambiando de ocupación o teniendo dos. O exportando consejos al pueblo. Si la deuda de la familia fuera con alguien del pueblo, ya fuera en “dinero pueblo”, en “dinero familia” o en “dinero hija”, pues pasaría exactamente lo mismo. La única forma de devolver esas deudas es o consiguiendo el dinero de vender cosas dentro de la familia, para lo cual tendría que cambiar de ocupación, y usar ese dinero para pagar las deudas o de vender directamente fuera.


A ver si alguien me dice por qué esto no se parece a un estado (podría intentar seguir refinando el modelo) y  a ver si aliguen me explica cómo se hace para arreglar el problema de la hija de otra forma (distinta de la de trabajar más o en otra actividad) que no sea inmoral con los otros miembros de la familia o del pueblo. Además explicadme por qué existe algún motivo que induzca a pensar que más endeudamiento, tanto externo como interno, puede resolver aquí algún problema (más allá de un simple parche temporal).


Escribo esta entrada a raíz de la incomprensión hacia mis comentarios por parte de algunos habituales del blog de javirl (presuntamente funcionarios).

Antes de nada quiero decir que, para no caer en generalizaciones, cuando hablo de “Los funcionarios” me refiero al 80-90% de ellos, soy consciente de que hay algunos pocos, algunas honrosas excepciones, que escapan a este triste retrato que voy a pintar. Aquí estoy hablando de la media de los funcionarios, no de todos ellos, pero tampoco de casos especiales, basándome en mi experiencia personal. Sé que la culpa no es suya, el sistema está montado así y casi cualquier persona en su situación haría lo mismo que ellos. Y no hablo de los funcionarios de los países bálticos, a los cuales no he tenido el placer de conocer, hablo de los de aquí, al los cuales sí que conozco un poco.

-Los funcionarios no dan un palo al agua. Esto se debe, principalmente, dos causas. La primera es que perciben que nadie a su alrededor da un palo al agua, entonces, no van a ser ellos los únicos pringaos. También perciben que su supervisor tampoco da un palo al agua. Además, si algún supervisor quisiera que los que no dan un palo al agua lo dieran, se daría de bruces con una triste realidad que comento en el siguiente punto.

-Los funcionarios pueden hacer lo que les de la gana, no serán despedidos. Esto lo he vivido en primera persona. Una profesora dijo textualmente “podría insultaros, incluso pegaros, que no me echarían de aquí, que soy funcionaria… bueno pegaros igual no, pero escupiros seguro que sí.” Cualquier superior que quiera hacer trabajar a un empleado público se encontrará con esta realidad, entonces el funcionario trabaja únicamente lo que a él le da la gana, no lo que dice el supervisor que hace falta o que debe trabajar. Es imposible pedir resultados a un funcionario porque nunca se le va a tocar ni el empleo ni el sueldo a no ser que cometa algún delito. La única barrera que no suele traspasar un funcionario es la de trabajar tan sumamente poco/mal que cause una crisis nerviosa al ciudadano al que atiende y termine agrediéndole (aunque se han dado casos [pongo la venda antes de la herida al releer la entrada antes de publicar, no estoy defendiendo que haya que zumbar a nadie por no trabajar, bastaría con que su jefe lo echara a la calle]).

-Los funcionarios pueden disfrutar de un seguro privado en vez del público (no además del público) que tienen que pagar obligatoriamente todos los demás trabajadores/empresas. Buscad en google MUFACE. Por resumir mucho, es como la seguridad social (pagas por un seguro médico asistencial y de jubilación y recibes esas prestaciones) pero privado (mejor). Que es mejor es una obviedad. Si fuera peor ningún funcionario lo contrataría, por el contrario, muchos lo hacen. Si las cosas privadas fueran peores que las públicas ningún ciudadano (excepto los muy idiotas, que no suelen ser los que tienen mucho dinero) estaría dispuesto a pagar lo público (obligatorio) más lo privado, solo por recibir el servicio privado peor que el público.

-Los más inteligentes/mejor preparados de España son funcionarios. Aquí se suelen enrocar ellos para justificar sus privilegios, y tienen razón. Esto es muy triste. Por ejemplo, para ser profesor de un colegio público tienes que pasar unas oposiciones (demostrando que eres más listo que el resto). Para ser profesor de un colegio privado no. Se puede, por tanto, deducir que los profesores de los colegios públicos son más inteligentes que los de los privados (además suelen ganar más dinero). Aún así, la experiencia personal que tengo es que en la enseñanza privada/concertada los profesores se molestan mucho más, te tratan mejor, te conocen, se preocupan y consiguen mejores resultados que en los públicos (eso lo percibimos yo y todos los que pagan por un colegio de este tipo, ya que, como en el caso anterior, si fueran perores nadie llevaría allí a sus hijos teniendo que pagar por partida doble). Todo esto está relacionado con el punto anterior, a un funcionario nadie puede exigirle resultados.

-Los médicos, bomberos, policías, militares, profesores, inspectores, etc. son funcionarios. Aunque, desde luego, no pueden competir con los funcionarios administrativos en “prescindibilidad”. En los casos en los que tienen que competir con la empresa privada salen claramente derrotados por goleada, en los que no (tienen el monopolio, como en defensa, justicia, emergencias, etc.) es cierto que hacen un trabajo que tiene un cierto valor, pero es aún más cierto que hace muchísimo menos de lo que se podría hacer con los recursos que se les asigna. No se puede comparar el trabajo de un policía (aunque salve vidas) con el trabajo de un policía privado, ya que no hay. No se puede saber quien salvaría más vidas, pero estoy casi seguro de que el policía privado no se pasaría la mitad de su jornada laboral en un bar o atendiendo recados personales (cosa que los policías actualmente hacen si les da la gana). El caso de los militares es aún más flagrante, uno de ellos me dijo “con esto de que nos van a bajar el sueldo los jefes nos dirán que tenemos que trabajar menos… y no nos va a resultar nada fácil”. En los hospitales privados la cafetería no suele estar llena de batas blancas y verdes a cualquier hora del día. Es curioso ver la diferencia de trato y rendimiento, aunque solo sea en pacientes/hora entre un médico de la seguridad social y ese mismo médico por la tarde en la consulta privada de su casa/clínica.

-Se han dado casos de funcionarios que ladran. Lo he visto. He visto como funcionarios echaban la bronca a alumnos por no saber cómo se hacía una matrícula. Nunca vi a un cajero de un banco echar la bronca a un cliente por no saber cómo se hace una transferencia o por no haber llevado el DNI. El caso más vejatorio y común de este tipo de abuso se da entre el funcionariado docente universitario, que puede vejar, amedrentar, incluso amenazar a aquellos a los que presta un servicio (a los alumnos) sin que éstos tengan forma alguna de defenderse. Durante años.

-Se han dado casos de funcionarios tan inútiles, que pidieron a quien escribe estas líneas que hiciera su trabajo (sentándose incluso en la silla  del despacho del propio funcionario y usando su ratón) si quería que quedara registrado correctamente. Esto se debe a que, tras años de no dar un palo al agua, llegan a atrofiar sus propias capacidades por debajo de las que tenían los demás ciudadanos a los que superaron en las oposiciones, quedándose atrasados. He visto médicos, funcionarios de ventanilla y profesores, todos ellos relativamente jóvenes, escribir en sus teclados de ordenador (cosa que está entre sus tareas diarias más veces repetidas) con dos dedos, como lo haría mi abuela si se viera forzada a tener que escribir algo en la pantalla.

-El argumento de que la mala fama de los funcionarios la promueve el propio gobierno es tan falaz como decir que la mala fama de los curas la promueve el Vaticano para que no se quejen tanto. Son el único colectivo que es visto negativamente por toda la sociedad y que no hay forma de hacer que cambie en absoluto debido a que es demasiado grande y está demasiado ocioso para poderse movilizar contra cualquier ataque (cuando hay huelgas de funcionarios el seguimiento es masivo).

Como muestra de lo que percibe la sociedad de los funcionarios he seleccionado una colección de imágenes buscadas por google:

 (GREVE es HUELGA)


Después de mis prolongadas vacaciones vuelvo con el octavo capítulo de las Lecciones de Economía para Víctimas de la LOGSE.

Este capítulo va a ser muy diferente de los otros. Tal vez debería haber sido el úlitmo capítulo de todos, pues en él no voy a explicar el funcionamiento de nada, sino que voy a exponer algunas apreciaciones que creo que es bueno hacer antes de analizar los datos de nuestra economía. Antes de empezar quiero  dejar claro que casi todo serán opiniones personales, y algunos de los datos que voy a dar para sostener algunas de mis opiniones son aproximados, pues, como ya he dicho, esto no es un análisis, sino una serie de apreciaciones.

¿Qué cosas hacen que nuestra economía sea diferente de las demás economías desarrolladas?

La respuesta no es sencilla, podrían enumerarse un montón de cosas, pasando por el peso del sector turístico, la destrucción del inmobiliario, el endeudamiento excesivo, la cultura de los subsidios, la inutilidad de los políticos (inutilidad para la sociedad, aunque para algunos particulares sean muy útiles), los nacionalismos, la calidad de la educación, el paro exagerado… pero en vez de fijarme en cualquiera de estos aspectos voy a intentar ser un poco más original, voy a hablar de las dos cosas que creo que nos hacen más diferentes y que menos gente ha tratado.

En primer lugar la falta de fiabilidad de nuestros datos macroeconómicos. Los números que muestran nuestros políticos y las instituciones no son de fiar. ¿Por qué? Por dos motivos: primero, porque la gran cantidad de economía sumergida que hay en nuestro país hace que los datos obtenidos en encuestas o datos fiscales sean un espejo borroso de la realidad. Para justificar esto daré dos datos. La parte del PIB en España que está controlada por instituciones públicas ya es superior al 50%. Según estimaciones tanto de instituciones nacionales como internacionales, en España el PIB sumergido está en torno al 25%. Si asumimos que la parte pública del PIB no puede estar sumergida (no es del todo cierto, pero el porcentaje podríamos decir que es cercano a cero), lo que nos queda es que alrededor de un tercio del PIB privado está sumergido. La tercera parte de la economía española que no es pública es ilegal, escapa a los controles fiscales y no aparece en las estadísticas, ni en las de empleo ni en ninguna otra.

El segundo motivo es porque, aún sabiendo que los datos son erróneos, los políticos los utilizan como ciertos cuando les interesa y, además, los que no son erróneos no son publicados de manera transparente para que todo el mundo pueda acceder a ellos, sino que los ministros tratan esa información como si en vez de ser información pública fuera su información privada, seleccionan lo que quieren mostrar y guardan el resto. Ellos seguramente tengan proyecciones de la realidad corrigiendo los datos de la economía legal para extrapolarla a la economía real (legal más sumergida), pero no los hacen públicos.

Como consecuencia de la primera observación, podemos decir que nuestra extremadamente preocupante tasa de desempleo no es tan preocupante, ya que la parte de economía que está sumergida es más intensiva en mano de obra (pequeños comercios, o empresas, con poca mecanización), con lo que ese 25% de paro y 40% de paro juvenil son mentira. Eso sí, para el estado sí que es una preocupación, pues aunque esa gente no esté en paro tampoco cotiza a la seguridad social ni paga casi ningún impuesto.

Cualquiera que se haya enterado de lo que acabo de escribir arriba pensará que la solución a todos nuestros males sería hacer aflorar toda la economía sumergida a base de inspecciones y sanciones para que apareciera en las estadísticas, tributara, contribuyera a la seguridad social, etc.  Bajo mi punto de vista, no hay nada más lejos de la realidad que eso. Lo que habría que hacer es preguntarse por qué hay tanta economía sumergida en vez de intentar que aflore sin más, ya que si se hiciera con medidas represivas lo que se conseguiría sería destruir esa economía en vez de conseguir que aflorase, y es mejor la economía sumergida que la falta de economía.

Creo que la economía sumergida está relacionadísima en España con la elevada presión fiscal y con las contribuciones sociales excesivas, motivadas a su vez por un peso excesivo del sector público en nuestra economía, lo que hace que haya un montón de gente que no contribuye en nada al bienestar de los demás y que vive de lo que el estado recauda del resto, consiguiendo que más gente deje de pagar al estado (pase a ser economía sumergida) para poder competir con los que ya no están pagando y además presionando aún más a los que sí que contribuyen. Si realmente el 50% de nuestro PIB fuese público haría ya tiempo que habríamos quebrado.

Estas dos características no son exclusivas de España, pasan en más sitios, pero no suelen ser países desarrollados ni con una economía tan grande como la nuestra. Tal vez en estas cosas nos parezcamos bastante a Grecia, Portugal e Italia, cada uno con sus diferencias, pero con bastantes cosas en común. Esperemos no correr la misma suerte que ya han corrido algunos de ellos y ser capaces de hacer frente a nuestros problemas antes de que sea demasiado tarde para que no tengan que venir otros, a quienes importamos bien poco, a resolvérnoslos.

 


Estimados lectores, ha llegado la cuarta entrega de las  Lecciones de Economía para Víctimas de la LOGSE.

Hoy voy a hablaros del PIB (Producto Interior Bruto).

La mayoría de las informaciones con respecto a la economía de nuestro país que se publican en la prensa son relativas al PIB. El PIB es un indicador que da cuenta de lo que se produce en un país, tanto en bienes como en servicios. Esto se relaciona con la riqueza del país, ya que la gente gasta dinero para comprar esos bienes producidos y recibe dinero por venderlos.

Generalmente los datos que se dan son de crecimiento  o decrecimiento del PIB con respecto a hace 12 meses. Cuando dicen que nuestra economía ha crecido un 0.1% en realidad lo que ha crecido es el PIB con respecto al del año pasado.

La producción que se tiene en cuenta en el PIB es aquella que se vende. Para tenerla en cuenta dentro del PIB se contabiliza en función del precio al que se vende ese bien o servicio. Los ventas de bienes producidos para fabricar otra cosa no se contabilizan, solo se aprecia su contribución al incrementar el valor del producto final.

El PIB tiene varias formulaciones, siendo la más sencilla de entender la que dice que:

PIB = C+ I + G + Ex – Im

C=Consumo privado.

I=Inversión privada.

G=Gasto del gobierno.

Ex – Im = Exportaciones – importaciones. (Balanza comercial)

Como se ve en esta formulación, hay una parte del PIB que depende de la iniciativa privada, de los mercados, y otra que depende del gobierno, aunque a su vez el gobierno capta el dinero de la parte privada del PIB mediante los impuestos para gastarlo después.

Hay que entender que este indicador de riqueza está dando cuenta del dinero que se está moviendo en el país, no del dinero que hay en el país. El dinero que está en el país pero que no se mueve para pagar, comprar, vender, cobrar, no cuenta en el PIB, por eso se dice que es un indicador dinámico. Utilizando un símil con una familia, se diría que el PIB de la familia sería el dinero que la familia gasta, por lo que si gasta mucho sería una familia muy rica, pero no tiene en cuenta los ahorros que puede tener esa familia o si lo que está gastando en realidad se lo debe al banco. El símil sería igual utilizando el concepto de ingreso en vez del concepto de gasto.

También hay que hacer otra consideración. Si solo consideramos el precio de los productos y la cantidad de productos vendidos para hacer nuestra aproximación del PIB, puede que nos equivoquemos, porque aunque no estemos produciendo más podríamos decir que ha crecido nuestra economía simplemente porque hayan subido los precios (inflación, como ya vimos en lecciones anteriores) y ahora esos mismos productos sean más caros. Por eso se suele introducir la inflación como factor de corrección en el PIB y se da lo que se denomina PIB real, frente al PIB nominal, que sería sin tener en cuenta la variación de los precios causada por la inflación.

Otro indicador que se suele utilizar para medir economías es la Renta Per Cápita. Esto es el PIB de un país dividido entre el número de habitantes que tiene el país. De esta manera se pueden comparar economías de países con poblaciones muy diferentes, ya que, obviamente, Luxemburgo no puede producir el mismo volumen de cosas que Brasil, sin embargo es un país más rico en términos relativos.

Para calcular el PIB de un país se puede utilizar, por su facilidad de aplicación con los datos que recoge el fisco, es el del valor añadido. Mediante la recaudación de IVA (Impuesto sobre el valor añadido) se sabe exactamente cuánto está contribuyendo cada empresa a la producción de valor nacional, la suma de todos esos valores añadidos sería el PIB.

Como última consideración añadiré que en el cálculo del PIB no se incluye la economía sumergida, aunque se debería incluir. No se incluye porque se desconoce a cuánto asciende la cantidad de dinero negro movida, aunque se suelen hacer estimaciones que pueden estar más o menos acertadas.