La Mañana

Publicado: 24 agosto, 2006 en Política

No suelo poner artículos escritos por otros y mucho menos tan extensos como este porque, francamente, nadie los lee; pero voy a hacer una excepción ya que este espacio hace tiempo que ha dejado de ser para el gran público, así que quien quiera que lo lea y el que no que cierre el explorer/firefox.
 
Pincho de tortilla y caña a que el nombre de Federico Jiménez Losantos estará en boca de muchos durante la temporada que viene. Aparte de sus oyentes habituales, que cada vez son más, hablarán de él dos clases de personas: en las antípodas de sus planteamientos ideológicos, los que quieren verle mediáticamente muerto, porque lo deploran, y los que estando cerca de su ideario le acusan de encarnar a la fiera canina que asusta a los votantes de la derecha civilizada.

El prototipo de esta segunda clase de detractores es Alberto Ruiz-Gallardón, que presume de aglutinar el voto cautivo del núcleo duro de la militancia del PP, el cambiadizo de los centristas más sesudos y el moderado de los socialistas arrepentidos. Alberto y Federico son dos personas condenadas a llevarse mal. Hace algún tiempo fui testigo de una conversación en la que el primero le decía al segundo: «tú no me harás ganar unas elecciones, pero puedes hacer que las pierda». Tal vez por eso el alcalde de Madrid procuró durante mucho tiempo que las tiranteces que había entre ambos no acabaran por arruinar la precaria relación que aún les permitía sobrellevarse.

A raíz de una violenta discusión que tuvieron en la radio hace dos años, los puentes saltaron por los aires y Ruiz-Gallardón me llamó varias veces para que le ayudara a reconstruirlos. Lo intenté. Soy amigo de ambos, aunque mucho más de Federico, y no me gusta vivir en un mundo de caras largas. Tardé muchos meses en conseguir que Federico aceptara sentarse a comer con Alberto, y cuando finalmente accedió -más por callarme la boca que por convencimiento- ya era demasiado tarde. Alberto nunca acudió a la cita. Ni siquiera permitió que se concretara. Tardé en entender el porqué, hasta que un día me di cuenta de que su nueva táctica le llevaba a publicitar el enfrentamiento, en lugar de a resolverlo, para acreditar, frente al perfil bronco y áspero de su antagonista, el perfil moderado y amable que reclama como propio. Lo que a Alberto le interesa es enviar un mensaje concreto a esa franja del electorado que, como él, piensa que la Cope destila fundamentalismo cavernícola: él es el único líder del PP que, en público, se atreve a tenérselas tiesas con Federico, el ciudadano que no se arredra a la hora de presentarle una querella criminal por injurias y calumnias, el alcalde que no se para a medir el daño electoral que puede provocarle una enemistad semejante.

La perseverancia de Alberto en ese nuevo cálculo hace prácticamente imposible que cualquier otro intento de mediación corra mejor suerte que el mío. Lo podrán instar personas más influyentes, con argumentos más sólidos y en circunstancias más favorables, pero si estoy en lo cierto, el alcalde de Madrid dirá una cosa -que quiere la paz-, pero hará otra distinta que le mantenga en la guerra, porque esa guerra -piensa- le hace crecer ante la opinión pública, por contraste, como el líder centrista que quiere ser. Añádanse después un par de bodas gay y unos cuantos guiños a Polanco y el póster quedará listo, a la espera de que se decrete el estado de necesidad que hace falta para que sea útil.

En el fondo de este planteamiento subyace la idea de que el mero hecho de alejarse de las posiciones de Federico, marcar las distancias con él, ya es causa suficiente para mudar el uniforme de derechista rabioso por el de demócrata de centro. Pero eso, con todos mis respetos, no deja de ser una solemne estupidez. No es verdad que La Mañana se haya convertido en ese faro de radicalismo conservador que algunos denuncian a pleno pulmón. Basta escuchar el programa con cierta atención, procurando discriminar lo sustantivo de lo coloquial, para darse cuenta de que en él se manejan a diario argumentos reflexivos, elaborados de buena fe, de hondura más que estimable, aunque -¡faltaría más!- tan discutibles como exige la naturaleza de los asuntos temporales de los que se ocupa. Su dureza formal puede herir a veces la sensibilidad de la execrable moda de lo políticamente correcto, pero lo cierto es que siempre se ciñen al criterio de proporcionalidad que cabe exigirle a toda respuesta. Nunca antes, algunos valores esenciales de media España -familia, religión, educación, nación- habían sido agredidos como ahora por los poderes públicos, y nunca esa media España había estado tan indefensa. Si no fuera por el afán de algunos idiotas por sacarlo todo de contexto dan ganas de gritar: «¡Federico, más caña!».

Por supuesto, se puede ser al mismo tiempo simpatizante del PP y detractor de Federico. Verbigracia, Ruiz-Gallardón. Entre esa gente hay dos argumentos que suelen hacer fortuna cuando de lo que se trata es de etiquetar de radical a La Mañana de la Cope. El primero es que Federico recurre con frecuencia al insulto y el segundo que no sólo se conforma con arremeter contra el PSOE sino que, además, le sacude a Rajoy más que a una estera. En particular no soportan que le llame maricomplejines. Creen que es una manera de pedirle que se tire al monte. De los dos argumentos, me interesa más el segundo que el primero. Lo de los insultos ya lo tengo muy oído, fue el ariete con el que trataron de desestabilizar a Antonio Herrero, y además ya está el Código Penal para dirimir cualquier ofensa que se tercie. Respecto a lo de las sacudidas al PP, viene a cuento una anécdota de Las Cortes franquistas que se le atribuye a Jesús Fueyo, intelectual del Régimen, y al general Camilo Alonso Vega, a quien sus amigos, a sus espaldas, llamaban Camulo. El general hizo un día una aguerrida soflama parlamentaria, no demasiado lúcida, y el intelectual se puso en pie para responderle: «Mi general, estoy a sus órdenes pero no a sus opiniones».

Siempre he creído que de las combinaciones posibles entre esos dos conceptos, órdenes y opiniones, salen las tres clases de periodistas que conozco. Primero están los periodistas que siempre se ponen a las órdenes del que manda, cualesquiera que sean sus opiniones. Son mercenarios a los que no hace falta decirles cómo tienen que abrir el telediario. Después, los periodistas que no están a las órdenes del poderoso, pero sí a muchas de sus opiniones. No se arrodillan ante los comisarios políticos, exhiben su independencia con críticas racheadas, pero cuando les conviene se apresuran a escoltar las opiniones de turno por puro utilitarismo. Para ellos, un político es tanto mejor cuanto mejor les trata, y menos de fiar cuanto más recela de ellos. Sólo aspiran a ser cada vez más influyentes y dosifican la crítica para alcanzar ese objetivo. Por último están los que pasan de las órdenes y de las opiniones del poder y sólo responden a convicciones propias. Son los periodistas asilvestrados. Federico, sin ninguna duda, es uno de ellos. ¿Que sacude demasiado a Mariano Rajoy? Algo habrá hecho Rajoy para merecerlo. El día que Federico Jiménez Losantos deje de comportarse así, lo prometo, seré yo quien le sacuda a él.

Luis Herrero es eurodiputado del PP

comentarios
  1. Bego y Roberto dice:

    Como ves yo le he leido entero.No habia leido nunca este articulo. Muy interesante, además de acertado.
    Saludos y ánimos.
    Roberto

  2. Ptholome dice:

    Ya leí un artículo, en un periódico digital, sobre lo escrito por Luis Herrero y estoy muy de acuerdo con ello. Federico es un periodiosta de opinión y en como, todavía, estamos en una democracia se puede permitir darla. Mas bien diría que se puede atrever a darla (muchis periodistas estan apesebrados). Si cada vez hay mas gente que lo escucha es porque dice cosas que les interesa. ¿que se rie de algunos políticos? ¡Y qué! ¿que los maltrata verbalmente? ¡Se lo merecen por demagogos, mentirosos, ladrones (algunos), cobardes (otros), incompetentes (muchos)! ¿Que los socialistas y los radicales lo odian y, oido con frecuencia ( ¡a ver si los de ETA lo matan), muchos lo quieren ver muerto… ¡Pues que se joroben! Pero la democracia permite a las personas como Federico que puedan expresarse libremente. En lo que concierne a Gallardón es muy sospechoso que los únicos que hablan bien de él son gente de izquierda. Yo no votaré nunca a este tipo porque es un trepa y no lo veo como presidente.
    Así que yo si defiendo a Federico porque ME ENCANTA Y porque así defiendo la DEMOCRACIA.
     
    Un saludo

  3. Ptholome dice:

    En lo concerniente a publicar artículos de periodistas… yo considero interesante el que se pongan en los Blogs. ¡Claro que hay que poner la fuente y la dirección web!
     
    Esto es lo bueno de internet que, por el momento, las ideas y la información pueden circular libremente y a velocidades increibles.

  4. El Espantapájaros dice:

    Muy interesante el artículo, digno de leerse y reflexionar sobre él. No escucho el programa de Losantos; demasiado temprano, demasiada cabreada mi persona como para cabrearla aún más con el incendiario locutor. Pero, tras conocer su obra escrita y haber léido unas cuantas entrevistas, cada vez le tengo en mejor consideración. En cualquier caso, Gallardón tiene que seguir en la alcaldía de Madrid por más que nos pese, ya que otras opciones políticas (véase Trinidad Jiménez) resultarían deleznables.
     
    Un saludo

  5. David dice:

    Por supuesto, Federico tiene todo el derecho del mundo a expresar su opinión y a tener su espacio radiofónico, siempre y cuando haya alguna emisora dispuesta a cedérselo, que en este caso es la COPE. Pero sinceramente, creo que si algo dista del periodismo de calidad, ese algo (alguien) tiene nombre y apellidos, y se llama Federico Jimenez Losantos. No dudo como dice el autor del artículo que "Por último están los que pasan de las órdenes y de las opiniones del poder y sólo responden a convicciones propias. Son los periodistas asilvestrados. Federico, sin ninguna duda, es uno de ellos.". Pero también podemos englobar en este grupo a tda la gente anarquista, fascista, comunista etc.. etc… , que pasan de las órdenes del poder y tampoco comulgan con sus opiniones.
    Lo que quiero decir es que es muy bonito el tener a alguien que responda a convicciones propias. El problema es cuando ese alguien cree que sus convicciones son LA VERDAD ABSOLUTA, y cuando sus opiniones son inamovibles e indiferentes a las demás opiniones. Y en este grupo, además de los grupos citados anteriormente se encuantra FJL.
     
     
    Doy gracias de que solo haya un Federico, y también de que la gente sea del partido que sea, se está dando cuenta de la manera de ser de este personaje. Está consiguiendo que incluso los de derechas se dividan entre los que le apoyan y sus detractores. Estoy convencido de que la gente de derechas tiene sentido común (la mayoría), y que Federico se convertirá en un parlanchín que hará de su programa un reducto para el sector más radical que se dedicará a intentar crear opinión mediante el uso de las injurias y de los ataques más burdos al gobierno socialista y a los populares más moderados.
     
    "Si no fuera por el afán de algunos idiotas por sacarlo todo de contexto dan ganas de gritar: «¡Federico, más caña!».".
    Sinceramente, cuando leo algunas columnas suyas, a mi me dan ganas de gritar:
    <<¡Federico, CÁLLATE!>>

  6. Sergio dice:

    totalmente de acuerdo con Daverg. Bienvenido de vuelta a los blogs, colega

  7. Lightbringer dice:

    Voy a intentar responder a Daverg punto por punto: Con la primera afirmación estoy de acuerdo. La segunda idea ya no me parece tan acertada, Federico ni es anarquista ni fascista ni comunista, en ningún momento ha dejado de defender la democracia y él mimso dice que es liberal. Federico no pasa de las órdenes del poder, nunca ha dejado de cumplir la ley, otra cosa es que legítimamente intente restarle votos a aquel partido que considera que es perjudicial para España.
    Con respecto a verdades absolutas… todos creemos que nuestra verdad es la absoluta, la difrerencia está en que algunos están más convencidos que otros porque algunos son más fanáticos que otros o porque algunos manejan mucha más información que otros. Cuando Federico afrima que el PSOE es perjudicial para España es porque tiene datos que así lo atestiguan, porque lleva viendo al PSOE en el poder durante mucho tiempo y porque sabe qué metodos utlizan para permanecer en él y sabe las consecuencias que pueden tener esos métodos.
    Con respecto al segundo párrafo, federico no ha injuriado a nadie, porque como ha dicho Luis Herrero en su artículo, para delimitar la opinión de la injuria está la ley, y Federico no ha sido nunca condenado por injurias, calumnias o insultos graves; de modo que, si creemos en el principio de presunción de inocencia, Federico es inocente de los delitos que se le imputan en este segundo párrafo.
    Y con respecto al último párrafo, seguro que hay muchos votantes del PSOE que gritarían "Federico, cállate", es más, hay algunos que intentan callarle por la fuerza (lease casos de acoso a la COPE por parte del CAC y de la Generalidad Catalana). No me acuerdo quién dijo lo de "No estoy de acuerdo con sus ideas pero moriría para que pudiera usted seguir defendiéndolas", pero aquí alguno del PSOE mataría para que alguno dejara de defender las suyas (no sería la primera vez que matan). Y muchos votantes del PP seguimos pensando ¡Federico, MÁS CAÑA! Porque lo que está pasando en España no es ni medio normal y mucha gente no se quiere dar cuenta.

  8. Ptholome dice:

    Ya veo que a los socialistas les cuesta aceptar la democracia cuando alguien les critica. pero hay que aguantarse y oir las verdades del barquero. Lo del Gal y la corrupción del PSOE tambien era mentira hasta que pudo probarse y fue condenado en los tribunales. Los del 11M va por el mismo camino y gente como Los santos son muy molestos para el poder socialista y sus títeres.
     
    Un saludo.

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